Un grupo de astrónomos estadounidenses presenció y registró por primera vez el comienzo de la destrucción de una estrella y su transformación en una supernova.

Un grupo de astrónomos estadounidenses presenció y registró por primera vez el comienzo de la destrucción de una estrella y su transformación en una supernova.
El 9 de enero último, los astrónomos utilizaron un satélite de rayos X de la agencia espacial norteamericana (Nasa) para examinar una estrella en los últimos momentos de su vida, cuando otra estrella en la misma galaxia comenzó a estallar. La explosión fue 100 mil millones de veces más brillante que el Sol. Los científicos pudieron enfocar varios telescopios terrestres para captar el acontecimiento y los primeros resultados fueron publicados hoy en la revista Nature.
"Es como ganar una lotería de astronomía", dijo la investigadora Alicia Soderberg, profesora de astrofísica de la Universidad de Princeton. "Grabamos en una cinta la totalidad del acontecimiento, de principio a fin", agregó. El profesor de astronomía de la Universidad de California en Berkeley, Alex Filippenko, lo consideró "un momento muy especial porque, en cierta forma, se trata del nacimiento de la muerte de una estrella".
El acontecimiento fue además un alarde de energía.
"La muerte de una estrella libera en un segundo tanta energía como todas las demás estrellas que se ven en el universo visible", indicó Filippenko.
Menos del 1 por ciento de las estrellas del universo morirán de esta forma, transformadas en una supernova, dijo Filippenko, autor de un estudio que aguarda su publicación. La mayoría de las estrellas, entre ellas nuestro Sol, se fortalecen y luego se achican paulatinamente en enanas blancas, que Filippenko llama "estrellas jubiladas" y que producen muy poca energía.
"La posibilidad de que ocurran dos explosiones simultáneas de supernovas tan próximas es quizá de 1 en 10 mil", dijo Soderberg. La posibilidad de mirarlas en el momento culminante y mediante el telescopio adecuado es, con toda certeza, astronómica. (AP)



Por Lucas Ameriso