La telenovela que tiene sin dormir a la comunidad de la Inteligencia Artificial no deja de brindar nuevos capítulos. El despido el viernes pasado del genio creador de Chat GPT Sam Altman de OpenAI parecía superado: este lunes fue incorporado por Microsoft. Pero publicaciones especializadas como Xataka y Wired, informan que en OpenAI estalló un motín de los empleados y dirigentes. La empresa de inteligencia artificial podría quedarse sin el 70% de su planta, unos 505 empleados. En todo caso, el daño de imagen a OpenAI ya está hecho, y su valoración de mercado, de 80 mil millones de dólares de la semana pasada, está en duda. Open AI pasó de ser una típica startup de Silicon Valley a una estrella mundial cuando en noviembre de 2022 lanzó al ruedo a ChatGPT, un éxito inmediato y global.
Los empleados de OpenAI exigen que la junta directiva que echó a Altman renuncie en bloque. En una carta abierta 490 de los 700 empleados de OpenAI exigen la dimisión del consejo de administración. Poco después el número de firmantes llegó a 505. “El proceso por el que ustedes despidieron a Sam Altman y provocaron la dimisión de Greg Brockman (el número dos y mano derecha del primero) ha puesto en peligro todo este trabajo y ha socavado nuestra misión y nuestra empresa”, acusan. “Su conducta ha dejado claro que ustedes no tenían la capacidad de supervisar OpenAI”.
Bloomberg y Financial Times han desvelado datos según los cuales uno de los principales instigadores del “golpe de estado” en OpenAI fue Ilya Sutskever, su “Chief Scientist”, que parecía preocupado por la seguridad. Sutskever admitió en X que sentía “profundamente mi participación en las acciones del consejo” directivo de OpenAI y que intentaría “hacer todo lo posible por volver a unir a la compañía”. Sam Altman respondió con tres emojis de corazón, como aceptando las disculpas.
En tanto, Mira Murati, la ingeniera que fue designada CEO interina tras la destitución de Altman, mostró insólitamente su apoyo a su exjefe e intentó impulsar su vuelta a la empresa. Incluso es otra de las firmantes de la carta abierta. Los empleados amenazan con “fichar” para Microsoft. En la carta abierta los empleados amenazan al consejo de administración que “Microsoft nos ha asegurado que hay puestos de trabajo para todos los empleados de OpenAI en su nueva subsidiaria si decidimos unirnos a ella”.
Este lunes llegaba a primera hora el gran bombazo que ponía fin provisional al culebrón: Microsoft fichó a Sam Altman, a Greg Brockman y a varios exempleados de OpenAI. La empresa ha creado una nueva división de investigación en IA que Altman liderará y que plantea un punto de inflexión en un segmento en el que hasta ahora OpenAI era absoluto protagonista.
Este fichaje puede tener enormes implicaciones para el futuro de OpenAI. En primer lugar, ¿qué ocurre con la inversión multimillonaria que Microsoft había realizado en OpenAI desde 2019 y hasta inicios de 2023, en el orden de miles de millones de dólares? Por ahora, es un misterio, como el futuro de una devaluada OpenAI que hasta el viernes pasado valía unos 80 mil millones de dólares en el mercado.
La carta
La carta abierta recuerda que “OpenAI es la empresa líder mundial en IA. Nosotros, los empleados de OpenAI, hemos desarrollado los mejores modelos y hemos llevado este campo a nuevas fronteras. Nuestro trabajo sobre la seguridad y la gobernanza de la IA da forma a las normas mundiales”. Los empleados agregan que “los productos que hemos creado son utilizados por millones de personas en todo el mundo. Hasta ahora, la empresa para la que trabajamos y a la que apreciamos jamás había estado en una posición tan fuerte”. Pero luego llegó el viernes, “el proceso a través del cual ustedes despidieron a Sam Altman y provocaron la dimisión de Greg Brockman”, que “ha puesto en peligro todo este trabajo y ha socavado nuestra misión y nuestra empresa. Su conducta ha dejado claro que no tenían la capacidad necesaria de supervisar OpenAI. Cuando todos nos enteramos inesperadamente de su decisión, el equipo directivo de OpenAI actuó con rapidez para estabilizar la empresa. Escucharon atentamente sus preocupaciones... A pesar de las numerosas peticiones de hechos concretos para sus alegaciones, nunca aportaron ninguna prueba por escrito. Además, cada vez se daban más cuenta de que no eran capaces de desempeñar sus funciones y de que estaban negociando de mala fe”.
Estas tremendas acusaciones, por escrito y firmadas por empleados llanos, no tienen antecedentes ni en Silicon Valley ni en el muy rígido mundo corporativo tradicional de Estados Unidos, donde un acto de rebelión similar es totalmente inconcebible. La cultura del “estás despedido”, que popularizó Donald Trump en su reality show, es la norma en el mundo laboral americano. A nadie se le ocurre cuestionar un despido salvo excepciones. Ahora esto cambió, al menos en el mundo de la alta tecnología y cuando se trata de figuras carismáticas como Sam Altman.