Nació en el año 1956, cuando las agencias de viaje eran una rareza en Rosario y el barco era el transporte más solicitado para traslados de larga distancia. A lo largo de siete décadas, Promar Viajes y Turismo logró afianzarse en un rubro que creció en competencia y digitalidad, pero sin perder el sello que la distinguió desde un primer momento: el vínculo personalizado con cada uno de sus clientes y la capacitación constante, que lleva a su equipo a ofrecer un trato ágil y a la altura de las nuevas demandas del sector.
“El negocio turístico cambió mucho a lo largo de los años, hoy el público está más informado y suele tener en claro lo que quiere. A veces sucede que los clientes te sorprenden por el nivel de detalle con el que investigan los destinos, buscando experiencias específicas. Pero es algo que no reemplaza al profesional del turismo, sino que éste siempre ayuda a acompañarlos en lo que buscan y a recomendarles zonas para alojarse, hoteles, excursiones, estando siempre a disposición de lo que necesitan”, expresó a Negocios de La Capital Pablo Procopio, segunda generación al frente de Promar.
Vocación al servicio
Promar abrió sus puertas el 8 de abril de 1956 en un pequeño local en Córdoba 847, promovida por los hermanos italianos Saverio y Pasqualino Procopio. Años más tarde, se mudó a pocas cuadras, a su sede actual en San Martín 659. Según Pablo, hijo de Saverio, el nombre se debe a la combinación entre la primera parte del apellido familiar y la palabra mar, en alusión a los viajes marítimos en barco. Fue su padre quien lo potenció, luego de iniciar el negocio muy joven, cuando aún no tenía hijos ni se había casado.
“De hecho, la agencia fue el lugar donde se conocieron mis padres. Mi mamá, Lidia, llegó como clienta con el objetivo de viajar a Estados Unidos para trabajar, algo que finalmente logró, iba y venía entre ambos países. Con el tiempo, Promar se convirtió en una referencia en agencias y se volvió un negocio donde se fue involucrando toda la familia”, contó Procopio sobre lo que recuerda de esos primeros momentos. Incluso Saverio tuvo participación en instituciones clave, siendo uno de los fundadores de la Asociación Rosarina de Agencias de Viajes (Arav).
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Lidia Procopio, esposa de Saverio, posa al lado del nuevo logo de Promar, que promociona el viaje clásico de la agencia al sur de Italia.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital.
En el inicio del camino hacia convertirse en el negocio que es hoy, Saverio perdió a su hermano Pasqualino y continuó con la actividad por su cuenta. Tiempo después, Pablo atravesó una situación similar al perder a su hermano Sandro Procopio, quien era el que más lo impulsaba a involucrarse en el negocio familiar. Algunos años antes de la pandemia, la agencia recibió un nuevo impulso cuando Stefano, hijo de Sandro, se sumó como tercera generación al frente del proyecto y luego lo hizo su tío Pablo, con quien trabaja codo a codo. “Este lugar se convirtió en un espacio muy especial para él después de lo que pasó y le hizo muy bien poder estar presente ”, aseguró Pablo.
Subir la vara
Actualmente, Promar cuenta con un equipo de diez personas, varias de ellas con una extensa trayectoria dentro de la empresa. Su local al público es una muestra del compromiso con la actividad ya que, explica Pablo, se ven muchas marcas que operan desde la virtualidad y la informalidad, con vendedores que no aparecen si hay algún problema y llegando a casos extremos como estafas, las cuales, según sostuvo, van en aumento.
Igualmente, desde la agencia vienen incorporando las nuevas tecnologías que aparecen en el sector para agilizar y mejorar la atención de los clientes, la reserva de vuelos y alojamientos, y otros ítems que ayudan en la gestión diaria. Pablo mencionó que han realizado cursos de transformación digital dictados por la Municipalidad, con el objetivo de potenciar y optimizar la capacidad de respuesta ante consultas. Sobre estas últimas, indicó que los destinos que traccionan más interés son aquellos ubicados en el Caribe o países de Europa.
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“Hoy se está optando por destinos internacionales cuyos costos se equiparan con los de Argentina. El Caribe, por ejemplo, resulta atractivo por los sistemas all inclusive, que permiten tener todos los gastos cubiertos desde un inicio. Además, en Promar tenemos como producto insignia Calabria, en el sur de Italia, por ser la región de origen de mi padre, desde hace 30 años organizamos viajes grupales a esa zona”, añadió.
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Pablo y su sobrino Stéfano Procopio, al frente del local de Promar que muestra el logo anterior de la marca, todo un emblema en la agencia.
Foto: Marcelo Bustamante / La Capital.
En cuanto al negocio, las agencias logran mayor rentabilidad con paquetes completos que con servicios individuales. Los vuelos dejan márgenes bajos, pero siguen siendo clave para atraer clientes que luego contratan otros servicios. A mayor valor del producto, mayores ingresos y, en este sentido, el Mundial es una de las oportunidades más atractivas, al igual que destinos lejanos y exclusivos, como ver auroras boreales en el norte de Europa o visitar islas de lujo.
“Somos una agencia integral, lo que significa que vendemos tanto paquetes como servicios por separado, adaptándonos a las necesidades de cada cliente. Más allá de que hoy se puede contratar un viaje a través de plataformas, el valor de una agencia está en el asesoramiento, desde evaluar la seguridad de un alojamiento por su ubicación hasta resolver imprevistos con aerolíneas. La pandemia fue un ejemplo claro, y hoy también se ve en contextos como la guerra, donde es necesario reubicar vuelos para evitar ciudades afectadas y ofrecer alternativas para que el viaje pueda continuar”, explicó.
A lo largo de estos 70 años, la familia Procopio trabajó para construir un diferencial en cada persona que confió en su servicio, demostrando que no es lo mismo apoyarse en una agencia para armar un viaje que hacerlo por cuenta propia. Para Pablo, es además una forma de honrar a su padre y de poner en práctica todo lo aprendido desde que era chico.