El mayor y más prestigioso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, considerado uno de los genios vivos de la humanidad, cumplió ayer cien años acompañado de su familia y viejos amigos, en una de sus casas en su ciudad natal, Río de Janeiro.

El mayor y más prestigioso arquitecto brasileño Oscar Niemeyer, considerado uno de los genios vivos de la humanidad, cumplió ayer cien años acompañado de su familia y viejos amigos, en una de sus casas en su ciudad natal, Río de Janeiro.
Niemeyer tuvo una celebración austera e íntima. Sin embargo, aún le espera una innumerable serie de festejos y condecoraciones nacionales e internacionales para conmemorar el centenario del "mayor genio" del país y uno de los "últimos auténticos comunistas del continente", como él mismo gusta definirse. Ayer mismo recibió el saludo del presidente de Cuba, Fidel Castro, quien no duda en calificarlo como uno de sus más entrañables amigos.
El arquitecto ocupó el noveno lugar en una lista de los cien mayores genios vivos, realizada semanas atrás por la empresa de consultoría Synectis, que argumentó al incluirlo en la nómina que los edificios del arquitecto "tienen formas tan dinámicas y curvas tan sensuales que muchos admiradores dicen que, más que un arquitecto, él es un escultor de monumentos".
Niemeyer es el autor de decenas de famosos proyectos como el Palacio de la Alborada, el Congreso Nacional y la Catedral de Brasilia, además de la Iglesia de la Pampulha, en Belo Horizonte, el conjunto Copam en San Pablo y la sede del partido comunista francés, en París.
El primer genio de la lista fue compartido por el químico suizo Albert Hoffman, creador de la droga LSD, que provocó una revolución en los tratamientos psiquiátricos en los años 40, y por el científico de computación británico Tim Berners-Lee, creador del dominio World Wide Web, conocido como "www".
En su atellier, con vista al mar y a las arenas de Copacabana, el creador de la ciudad de Brasilia, Patrimonio de la Humanidad desde hace 20 años, se abrazó pocas semanas atrás con el presidente Luiz Lula da Silva, a quien el arquitecto no duda en defender.
"Soy arquitecto, pero siempre dejé clara mi posición política: soy comunista. Junto a Fidel (Castro), uno de los últimos comunistas auténticos de América latina", puntualizó.
"Hay tanta miseria y tantas personas en la calle, que aún debemos crear un mundo mejor, más fraternal. No hay ninguna razón para que alguien piense que es más importante que otro. La vida pasa en un soplo. Y, consciente de esto, camino mi vida, si Dios quiere", reflexionó.
"Después de que la gente pasa los 70 años comienza a despedirse de los amigos, y lo que importa entonces es seguir manteniendo cerca a la mujer amada y dormir con la certeza de que uno ha trabajado para mejorar este mundo", destacó.
Trabajo intenso. Niemeyer sigue trabajando intensamente y casi sin tiempo para disfrutar de la "luna de miel" con Vera Lucia Cabreira, cuatro décadas más joven, con quien se casó hace poco más de un año.
El centenario "mago de las curvas" se dedica actualmente a los últimos detalles de dos proyectos. Uno es el libro "El Ser y la Vida", con prefacio de Fidel Castro, que será lanzado en el próximo año.
El otro es el Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer, en Avilés, España, y cuya construcción se iniciará en 2008.
"La solución natural es la curva, presente en todo: en el razonamiento, en el universo, en la democracia y en la vida", dijo el arquitecto nacido el 15 de diciembre de 1907, en el seno de una familia de clase media.
Tras una juventud dedicada más que nada a disfrutar de la vida nocturna de Río de Janeiro, Niemeyer se casó a los 21 años con Annita, quien fue su compañera durante 76 años, y luego ingresó en la Escuela Nacional de Bellas Artes, donde concluyó sus estudios de arquitectura en 1934.
Empezó a trabajar gratis para la oficina de Lucio Costa y Carlos Leao, exponentes en Brasil de los modernos conceptos de arquitectura del francés Le Courbusier. En 1940, conoció y se hizo amigo del entonces alcalde de Belo Horizonte, Juscelino Kubitschek, quien le encargó la obra de reforma del barrio Pampulha.
Este fue su primer gran proyecto, y fue también el "trampolín" para que, tres lustros más tarde, al elegirse presidente de Brasil, Kubitschek lo invitara a formar parte del equipo encargado de proyectar la nueva capital federal del país, Brasilia. l (DPA, Reuters, AP y Télam)

Por Matías Petisce

