La desertificación y la sequía afectan a más de 250 millones de personas en todo el mundo y son una amenaza para otras mil millones, resaltó las Naciones Unidas (ONU), al recordar el 17 de junio de 1994, cuando se tomó a la fecha como Día Mundial de Lucha contra ese fenómeno.
La superficie fértil de la tierra, el manto vegetal y los cultivos sanos son los primeros "heridos graves" de la degradación de los suelos, lo que causa escasez de agua y alimento, grandes hambrunas, migraciones en masa y pérdidas económicas millonarias.
"El tema del día que celebramos este año, «combatir la degradación de la tierra para una agricultura sostenible», nos recuerda la importancia que tiene la tierra como patrimonio mundial sin el que ningún ser humano puede vivir", dijo Ban Ki-moon, secretario general de la ONU.
"La degradación de la tierra, añadió, afecta a una parte importante de la superficie arable del planeta, y tiene un efecto directo en el bienestar de los pueblos y en el desarrollo económico de los países".
Las tierras secas de todos los continentes se degrada como consecuencia del sobrecultivo, el pastoreo excesivo, la deforestación y las prácticas inadecuadas de riego, explotación excesiva que obedece a causas económicas y sociales, ignorancia, guerra y sequías.
Un proceso en la degradación de suelo es natural: la desertización. Otro producido por humanos: la desertificación. A causa de esos procesos, el 70 por ciento de las tierras secas de todo el mundo, con excepción de desiertos hiperáridos, están degradadas, lo que representa 3.600 millones de hectáreas.
A los graves problemas sociales que se generan como consecuencia de este deterioro, se agregan las pérdidas económicas, calculadas en unos 42 mil millones de dólares, de acuerdo a cifras manejadas por el Banco Mundial.
Asimismo, los costos económicos y sociales que repercuten fuera de las regiones afectadas, incluidas las corrientes de "refugiados ambientales" y la pérdida en la producción nacional de alimentos.
Monocultivos. En Argentina, el problema está en la ampliación de la frontera agropecuaria y en el monocultivo de soja, favoreciendo la deforestación
y la falta de rotación de la tierra, lo que aceleró el proceso de desertificación.
La degradación en Argentina, según los científicos se produce por el sobrepastoreo, la tala indiscriminada y sin planificación, algunas alternativas agrícolas no sustentables, y otras muy intensivas sin el debido descanso, que también generan los procesos de desertificación, advertidos por la ONU. (Télam)