El modelo rosarino Leonardo Jesús Verhagen murió en los brazos de su novia, Liz Solari, después de mantener una relación sexual, según contó la modelo en su declaración policial.

El modelo rosarino Leonardo Jesús Verhagen murió en los brazos de su novia, Liz Solari, después de mantener una relación sexual, según contó la modelo en su declaración policial.
"Ellos habían tenido relaciones y él se descompuso, entonces ella salió corriendo a la calle a pedir ayuda y encontró a un vecino, que es paramédico, quien fue el primero que le practicó resucitación cardiopulmonar", confió una fuente a La Capital.
Salían desde junio del año pasado, pero aún no habían blanqueado su relación. Según relata la revista Gente, este fin de semana Liz viajó a Rosario, para encontrarse con el muchacho y como ella no conocía su flamante boliche, decidieron ir a cenar y pasar la noche del sábado y la madrugada del domingo en Rumah, en la costanera norte de nuestra ciudad.
Desesperada. Cerca de las 9 se fueron al departamento de Leonardo en Alberdi. "Volvimos a casa, abrimos un vino, pusimos música, subimos a la habitación del primer piso e hicimos el amor. Inmediatamente, cuando terminamos, comenzó a tener convulsiones y cayó al piso. Salí desesperada a la calle en busca de ayuda, pero nadie pudo hacer nada. Fue desesperante verlo morir en mis brazos", le confió la modelo a Aníbal Rodríguez, el inspector de zona que intervino en el caso.
El hecho fue caratulado como "Muerte dudosa", razón por la cual la Justicia ordenó la autopsia del cuerpo. "El estudio del estómago no determinó que haya consumido alguna sustancia que dejara rastros notorios. De todos modos, vamos a realizarle los estudios de sangre correspondientes, para determinar con exactitud si había consumido, o no, alguna sustancia tóxica", aseguró el perito forense que intervino en el caso.
"¡Leíto, por favor, reaccioná! ¿Qué te pasa, mi amor? ¿Qué te pasa?". Desesperada y totalmente desnuda, Liz Solari saltó los escalones de madera de la escalera que lleva a la habitación ubicada en el primer piso, el departamento número uno de Rondeau 1047. Apenas alcanzó a ponerse su camisa blanca y tomar las llaves de la mesita de luz de vidrio de la planta baja.
Abrió la puerta negra de metal de la entrada y, envuelta en una crisis de llanto, alteró la tranquila mañana de domingo en el barrio Alberdi: "¡Ayuda, por favor! ¡Mi novio se muere! ¡Por favor, que alguien me ayude!". Los gritos fueron escuchados por un vecino paramédico, que a esa hora, las 11.15, había salido a comprar facturas a una panadería de la vuelta. Rápidamente ingresó a la casa y subió hasta la habitación. El cuadro era desesperante. El cuerpo de Leonardo se encontraba desnudo y caído a un costado de la cama. Su mano derecha, a medio cerrar, tenía la sábana blanca enredada entre los dedos. Sus ojos estaban blancos, el color de la piel, pálido, y de sus labios brotaba una espuma blanca.
Al ver la escena, el vecino también se desesperó. Le limpió la boca y le realizó los primeros trabajos de reanimación: respiración boca a boca y masajes en el pecho, para intentar que el corazón volviera a latir. "¡Llamá rápido a emergencias! ¡Necesita electroshock!", le dijo a la modelo. Liz marcó el número del Sistema Integrado de Emergencias Sanitarias (Sies) y a los pocos minutos una ambulancia llegó al domicilio.
Cuando entraron, el vecino continuaba con los masajes y los golpes en el pecho. Los médicos desplegaron toda la aparatología, pero ya era tarde. Leíto, como le decían sus íntimos, había muerto de un paro cardiorrespiratorio, producto de un infarto. "Lamentablemente no podemos hacer nada; está muerto. Lo siento mucho", dijeron los médicos. Y de inmediato, Liz Solari entró en crisis.
Corrió hasta el primer piso y se arrodilló al costado del cuerpo de Leonardo: "¡No te podés ir, mi amor! ¡No me dejes! ¡Volvé, amor, no te vayas así!", le gritaba, sin poder entender que el corazón de ese joven, que desde hacía siete meses latía más fuerte por ella, le había dicho "basta".
El lunes Liz le dio el último adiós a su novio en el segundo piso de la sala de velatorios, antes de que se abriera para sus familiares y amigos. "Fue un momento muy íntimo y triste. Ella estaba como en estado de shock por todo lo que pasó", aseguran algunos de los que llegaron a verla. Después se refugió en el campo que la familia tiene en las afueras de nuestra ciudad.
