Una vez más, ha sido un caso extremo en Francia el que ha reabierto la cuestión de la eutanasia activa, que ya se practica en los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Suiza.

Una vez más, ha sido un caso extremo en Francia el que ha reabierto la cuestión de la eutanasia activa, que ya se practica en los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Suiza.
En 2003, el país galo ya se vio conmocionado por el caso Humbert, una madre que trató de provocar la muerte de su hijo tetrapléjico que había pedido en muchas ocasiones un final digno a su vida.
En medio de aquel profundo debate, se aprobó una ley que permitía dejar morir, pero no la eutanasia activa que ahora reclamaba la ex docente Chantal Sébire.
Sólo dos días antes de su muerte, la Justicia había negado a Sébire su petición de "morir con dignidad".
"Muerte digna". El mediático combate de Sébire, pionera en acudir a los tribunales en busca de una "muerte digna", la negativa de la Justicia a autorizarla basándose en la ley de 2005, y su muerte pueden forzar la puerta de un cambio de la legislación.
El gobierno conservador francés, que inicialmente pareció hermético a la demanda de la enferma, ha terminado por reconocer que quizá la ley deba admitir excepciones. Esta era la primera ocasión en la que la Justicia se enfrentaba en Francia a una demanda de este tipo desde que se aprobó esta legislación en 2005. Si la semana pasada el primer ministro, François Fillon, se mostraba escéptico sobre las posibilidades de que la ley pueda regular cada caso particular, el miércoles, horas antes de que se descubriera el cuerpo sin vida de Sébire, el Ejecutivo encargó un estudio que abre la puerta a una revisión legislativa.
El relator de la legislación vigente, el diputado Jean Leonetti ha sido de nuevo encargado de estudiar si es preciso revisar la ley y solucionar su deficiente aplicación o "eventuales insuficiencias".
Desde el Ejecutivo se insiste en que la ley sirve en el 99 por ciento de los casos y que toda reforma debe hacerse de manera sosegada, lejos de la emoción que provoca el caso de la mujer. (DPA)

Por Matías Petisce

