La Fuerza Aérea Brasileña (FAB), que busca a un sacerdote que desapareció el domingo pasado en el mar, encontró hoy parte de los mil globos que el religioso utilizó para realizar un vuelo aerostático.
Un aeronave militar fotografió un conglomerado de globos a unos 50 kilómetros al este de la ciudad de Florianópolis (Santa Catarina, sur), pero "no observaron señales del sacerdote", según indicó la FAB.
Las coordenadas fueron transmitidas a la Marina, que también participa en la localización del clérigo Adelir de Carli, quien trataba de realizar un vuelo con la ayuda de cerca de mil globos usados para fiestas, inflados con helio.
El padre Adelir Antonio de Carli, de 42 años, emprendió el vuelo la tarde del domingo pasado, luego de oficiar misa, en la ciudad porteña de Paranaguá, del Estado sureño de Paraná.
El padre de Carli buscaba marcar un récord de 19 horas de permanencia en el aire sólo sostenido por globos de fiesta inflados con helio.
Con esta hazaña, el sacerdote quería llamar la atención sobre su trabajo de caridad con camioneros brasileños que atraviesan momentos de necesidad.
Su plan era dirigirse al oeste de Paraná, tierra adentro, pero las corrientes de viento lo alejaron hacia el sur, mar adentro.
El último contacto con el sacerdote fue a las 19:40 hora local del domingo, unas siete horas después de comenzar su aventura.
Con experiencia
El sacerdote, un experimentado piloto, se hallaba equipado con un paracaídas, ropa térmica, así como teléfono y localizador satelital GPS. Viajaba en una silla inflable atada a los globos, con provisiones de agua, barras de cereal y cápsulas energéticas.
Desde el aire, el padre Adelir pudo entrar en contacto telefónico para pedir ayuda con su dispositivo GPS:
"Necesito entrar en contacto con la tripulación en tierra para que me enseñen cómo usar este dispositivo rastreador GPS. Es la única manera en que podré transmitir mis coordenadas de latitud y longitud para que sepan dónde estoy", fue la comunicación del padre.
Los equipos de rescate informaron que localizaron algunos de los coloridos globos a unos 50 kilómetros de la costa, pero no hay señales del sacerdote. El padre había llamado para decir que las baterías de su teléfono se estaban terminando.




























