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El mundo VIP de las playas

El dinero no hace a la felicidad. Aunque en situaciones, colabora, y bastante. Al menos, así parece para los clientes de los balnearios de la zona norte de Pinamar, que gozan en cada día de playa de un festival de actividades deportivas, recreativas y de servicios personales. Masajes, clases de Pilates, spinning (bicicleta fija)...

Miércoles 09 de Enero de 2008

El dinero no hace a la felicidad. Aunque en situaciones, colabora, y bastante. Al menos, así parece para los clientes de los balnearios de la zona norte de Pinamar, que gozan en cada día de playa de un festival de actividades deportivas, recreativas y de servicios personales.
  Masajes, clases de Pilates, spinning (bicicleta fija), espacio recreativo para los niños a cargo de profesionales, clínicas de rugby y hockey con jugadores de los Pumas o las Leonas, entre otras propuestas, se ofrecen gratuitamente a quienes hayan alquilado una carpa en esos balnearios top, al precio de hasta unos 330 pesos por día, por sábados o domingos, durante enero.
  Las más caras, las carpas VIP, fueron hechas con un cuidado diseño, detalles en madera y generosas medidas de 3 x 3 metros. El cuerpo ante el dios Febo de quienes llegan a este mundo sofisticado de servicios, en Pinamar, yace sobre una reposera de madera rústica, aunque con una colchoneta. En cambio, en las carpas comunes, que de lunes a jueves se consiguen por unos 170 pesos por día, las reposeras tipo camillas articuladas son, apenas, las clásicas de plástico con listones blancos y sin colchoncito. De todos modos, estos precios se achican un poco si se alquila por un mes y se es usuario de Movistar. Así, en el balneario Terrazas del Alba una carpa standard cuesta (previo pago por anticipado) 2.000 pesos por todo febrero.
  Marta acaba de terminar su clase de Pilates en el Terrazas; luce tostada, de buen ánimo. “Estoy encantada, conociendo el Pilates en la playa”, explicó.
  Marta ya carga con algunos años aunque los lleva muy bien. Viene los veranos a Pinamar desde la Capital Federal. “En Buenos Aires jugamos al tenis con cuatro amigas, pero no conocía la rutina del Pilates”, contó, feliz por el descubrimiento. Junto a ella, Moira, la profesora, asiente: “Es el modo más eficaz para disipar las contracturas”, agregó.

Disfrute para el cuerpo. Caminando unos pocos pasos, sobre la arena del mismo balneario, se destaca otro atractivo, la sala de masajes. En una carpa acondicionada, dos masajistas trabajan a destajo. En turnos de 15 minutos son uno de los “mimos” de mayor convocatoria de los paradores VIP de Pinamar. “El listado del día se completa muy rápido”, comenta Yasmin, quien administra los turnos del Espacio Relax, auspiciado por una crema analgésica.
  “Lo bueno debería durar mucho”, comentó Celina, una porteña que ni bien bajó de la camilla de los masajes encaró rumbo al mar. Celina conoce de masajes, los toma habitualmente, y aseguró que los playeros que acababa de recibir habían sido “buenos, muy bien hechos”.
  Otro aspecto central para la tranquilidad y felicidad de la pareja joven con niños ( público mayoritario de Pinamar) es, precisamente, entretener a los chicos, y al menos, por un rato, desentenderse de ellos.
  En el parador de Movistar, Natalia Ariceta y Juan Calambier, profesores universitarios de educación física y de música, se hacen cargo de los chicos, organizan actividades recreativas, artísticas y educativas, en un espacio diseñado y a prudente distancia de las carpas donde la familia está durante el día.
  “Llegamos a tener hasta 60 chicos, por la tarde. El sistema es de libre ingreso y salida; el chico que viene debe conocer cómo regresar a su carpa, si lo desea, en el momento que quiera”, explicó Natalia. No se trata de una guardería tradicional, pero les permite a los padres encarar actividades por su cuenta, o bien concentrarse en un libro, o en una charla sin la demanda sistemática de los pequeños. Al menos por un rato.
  Ingresando al mundo de los paradores vip, en Pinamar, cada día en la playa se puede constituir en una aventura diversa, movida, intensa, recordable. Bastante más que la experiencia de la clásica lonita sobre la arena, mate, sol, chapuzón y a contemplar el mar.
  “Hay otro mundo, y está en éste”, supo prometer un pretencioso eslogan político de una Argentina de otro tiempo. Fatalmente, en cambio, para ingresar a este mundo vip primero hay que pagar la carpa.

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