Investigadores rusos confirmaron que el líder mercenario Wagner, Yevgeni Prigozhin , y los principales líderes de su empresa Wagner Group, murieron cuando su avión se estrelló en Rusia, anunciando los resultados de las pruebas de ADN en los cuerpos de las víctimas.
El Comité de Investigación de Rusia continuaba su investigación sobre las causas del accidente. Pero tanto analistas occidentales de inteligencia, defensa y aviación, como la población rusa en general, creen que la verdadera causa fue un atentado explosivo ordenado por el presidente Vladimir Putin. La verdad nunca se sabrá debido al sistema de investigaciones opaco y politizado de Rusia.
Las 10 personas a bordo, incluido el comandante militar de Wagner, Dmitry Utkin, murieron al estallar el jet el miércoles. La comunidad de inteligencia estadounidense cree que una explosión derribó el avión. Especialistas en aviación civil también creen que es la única explicación para la brusca caída del jet Embraer Legacy de Prigozhin. Y muchos miembros de la élite rusa están convencidos de que la muerte de Prigozhin fue un asesinato ordenado por el Kremlin de Putin. Un mensaje directo para ellos en tiempos difíciles para Rusia, ante el estancamiento de su invasión de Ucrania.
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Los hombres de Prigozhin ocuparon Rostov, en el sur de Rusia, el 23 y 24 de junio pasado.
En junio, Prigozhin encabezó una rebelión de Wagner contra el ejército ruso y el ministro de Defensa Sergei Shoigu y el jefe del Estado Mayor Valery Gerasimov. Pero sin dudas la rebelión fue una desautorización expresa para el presidente Vladimir Putin, quien habló de "una puñalada por la espalda" de parte de Prigozhin. La rebelión militar, iniciada en el sur de Rusia, se extendió sin obstáculos hasta 200 km al sur de Moscú. Puso así en evidencia la debilidad de la seguridad de Rusia. En aquel momento, analistas hicieron notar que Moscú no tenía ni un regimiento de tanques para oponer a la columna de Wagner. Seis helicópteros artillados que envió el ejército fueron fácilmente derribados por los mercenarios de Prigozhin. La columna se detuvo luego de negociaciones a través de Bielorrusia, adonde se retiró exiliado el jefe de Wagner y gran parte de su ejército privado. Desde entonces Prigozhin luchó por mantener a flote su imperio mercenario, en medio de informes de que figuras afines al Ministerio de Defensa estaban avanzando para hacerse cargo de las lucrativas operaciones de Wagner en Africa y Medio Oriente.
En los días previos al sospechoso accidente aéreo, al menos dos grupos militares privados (Konvoi y Redut, ambos controlados por leales a Putin) habían comenzado a reclutar hombres para operaciones en el continente africano, una señal de que el Kremlin está planeando absorber los contratos de Prigozhin en la región. Prigozhin se apresuró a viajar al norte de Africa, desde donde el lunes pasado envió la última foto pública, armado y uniformado.
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, desestimó las "especulaciones desenfrenadas" sobre la participación del Kremlin en el accidente como castigo a Prigozhin por la rebelión como "todas mentiras". La persistente popularidad del jefe de Wagner es un desafío para Putin. Este habló el jueves de Prigozhin en tiempo pasado, llamándolo un hombre “talentoso” que “logró los resultados necesarios”, pero “cometió errores”. Otros destacados políticos y escritores rusos siguieron su ejemplo, elogiando a Prigozhin como un luchador duro y ensalzando a Wagner, considerado la fuerza de asalto más despiadada y exitosa de Rusia en la guerra de Ucrania, aunque al precio de un nivel de bajas inaceptables para las naciones occidentales.
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Prigozhin en Africa del Norte el lunes pasado, en la que fue su última aparición pública. Dos días después moriría a bordo de su jet volando sobre Rusia.
El futuro del grupo es muy dudoso después de la violenta desaparición de Prigozhin y sus principales líderes, y es probable que sus operaciones sean asumidas por figuras amigas del Kremlin, a quienes se dará mucha menos libertad que la que se le permitió a Prigozhin para expandir agresivamente los intereses comerciales y económicos de Wagner. Las compañías militares privadas Konvoi y Redut, controladas por amigos del Ministerio de Defensa y Putin, se considera que son menos efectivas y curtidas en batalla que Wagner. Los mercenarios de Prigozhin se oponen a mezclarse con ellos, pero unirse a fuerzas paramilitares aprobadas por el Ministerio será la única manera de que sigan empleados. Putin les exigió entretanto que juraran fidelidad a su liderazgo.
Wagner logró el único avance militar importante de Rusia en Ucrania este año, al capturar la ciudad de Bakhmut en mayo, aunque a un costo enorme en bajas, muchas de ellas convictos reclutados en prisiones y enviados al frente con casi nulo entrenamiento. La minoría que sobrevivió fue indultada por Putin por la rebelión y, a su vez, apoyó firmemente a Prigozhin por permitirles redimirse como “héroes” rusos luchando en Ucrania.
Pero la popularidad de Prigozhin, aumentada por su muerte, preocupa al Kremlin. El legislador de la Duma, Vitaly Milonov, pidió que el funeral y el entierro de Prigozhin se celebraran en Bakhmut, devastada por la guerra, algo que evitaría que miles de rusos civiles, miembros de Wagner y sus familias le rindan homenaje, y garantizaría que su tumba no se convierta en un santuario para nacionalistas.