Ema Monzón se define ante todo como "un pibe que sueña con que este mundo sea un poco mejor", alejándose de las etiquetas convencionales de filántropo o influencer a pesar de sus millones de seguidores.

El influencer rosarino protagoniza el estreno de la segunda temporada de In Situ por L+, el canal de YouTube de La Capital. En una charla profunda, se refirió a su labor social, su alejamiento de las instituciones religiosas y el valor de devolverle la dignidad a los "invisibles".
Ema Monzón se define ante todo como "un pibe que sueña con que este mundo sea un poco mejor", alejándose de las etiquetas convencionales de filántropo o influencer a pesar de sus millones de seguidores.
Durante la entrevista, describió su tarea diaria como un trabajo de hormiga que consiste en dignificar la vida de vendedores ambulantes y personas en situación de calle a través de herramientas materiales y consejos.
"Hacemos que esa persona pase de ser invisible a ser visible, que pase de ser ignorada a ser escuchada", señaló el joven, quien remarcó que el impacto de sus videos no es solo para el beneficiario, sino también para el espectador que logra empatizar con realidades que antes prefería ignorar.
Uno de los momentos más emotivos de la charla fue el relato sobre un joven de 19 años que vendía tortas bajo una lluvia torrencial para poder alimentar a su hermana. Monzón recordó que, tras conocer su historia, pudo regalarle una moto y conseguirle un empleo estable como repositor.
"Ese pibe me hizo mal, me tuve que ir a la camioneta a desahogarme solo", confesó al describir la vulnerabilidad extrema de quienes, pese al esfuerzo, no logran cubrir sus necesidades básicas. Para el influencer, la clave no es solo el dinero, sino el fuerte abrazo y la mirada a los ojos que les devuelve el sentido de valor propio a quienes se sienten "inmerecedores" de la ayuda.
Su fe es el motor principal de sus acciones, aunque hoy se encuentre distanciado de las estructuras eclesiásticas tradicionales. Monzón explicó que el 90 % de lo que hace es inspiración en Dios, pero admitió que dejó la iglesia hace dos años porque sintió que lo trataban como a un "producto" en lugar de una persona.
"El día que encuentre un lugar donde se enseñe lo correcto y se aplique, ahí voy a volver", sostuvo con firmeza. Según su visión, muchas instituciones religiosas se centran en el financiamiento de templos y pierden de vista la aplicación práctica del amor al prójimo que él intenta ejercer de forma directa en las calles de la ciudad.
El impacto de su contenido también alcanza a sectores de poder, como empresarios que antes "le cerraban el vidrio" a los limpiavidrios y ahora se sienten avergonzados de su indiferencia. Monzón recordó el caso de un hombre que, tras seguir sus videos, cambió radicalmente su trato hacia los vendedores callejeros.
"Me olvidé de que son personas, de que hay un corazón detrás, me dijo un empresario llorando", relató. Esta transformación en la mirada ajena es, para el rosarino, uno de los mayores logros de su exposición mediática, ya que rompe con el estigma de la pobreza y el morbo que suele rodearla en los medios de comunicación masivos.
Hacia el futuro, su ambición no está puesta en el crecimiento de sus métricas personales, sino en la capacidad de generar empleo formal a gran escala. Ema Monzón aseguró que el trabajo es lo que verdaderamente dignifica y cambia la realidad de las familias a largo plazo.
"Sueño con abrir una empresa grande y poder dar trabajo a mucha gente", concluyó. Mientras tanto, continúa con sus misiones solidarias en el parque Independencia o en cualquier rincón de Rosario donde encuentre a alguien necesitando no solo un recurso material, sino también un reconocimiento humano que la sociedad le niega sistemáticamente.
Por María Laura Cicerchia