Madrid.— La elección de François Hollande en Francia da a los líderes de los países del sur de Europa —inmersos en graves dificultades— un nuevo aliado en su esfuerzo por calmar el ímpetu a favor de una rígida austeridad, un frente que encabeza Alemania y que ha exacerbado sus problemas económicos.
La victoria del socialista rompe el tándem de centroderecha de su predecesor Nicolas Sarkozy con la alemana Angela Merkel, cuyo pacto fiscal exigió profundos recortes de gasto en Italia, España, Portugal y Grecia. Se espera que Hollande sea pragmático y adhiera a la política de la Unión Europea sobre estabilidad fiscal, pero también ha impulsado una agenda de impuestos y gasto.
Los líderes del sur de Europa —incluidos los conservadores que podrían haber preferido a Sarkozy— se alegrarán ante la perspectiva de tener más tiempo para cumplir los objetivos de déficit y apoyar propuestas como los eurobonos y un plan de estímulo coordinado.
En sus propias elecciones del domingo, los griegos abandonaron a los partidos tradicionales de derecha e izquierda que habían apoyado la austeridad, asestando otro duro golpe a las políticas de Sarkozy-Merkel que habían logrado el consenso europeo.
"Los resultados de las elecciones en Francia y Grecia imponen la necesidad de una reflexión sobre las políticas europeas", dijo el primer ministro italiano, el tecnócrata Mario Monti, tras hablar con Hollande, Merkel y David Cameron.
"Una política responsable de las finanzas públicas es necesaria, pero ciertamente no es condición suficiente para el objetivo clave: un crecimiento sostenible que permita crear empleos y redunde en equidad social", dijo Monti. "Por esta razón, es fundamental que Europa adopte urgentemente políticas concretas para el crecimiento", añadió.
Sin barreras políticas. La división norte-sur podría demostrar ser una fuerza más apremiante en Europa que la tradicional entre izquierda y derecha.
El presidente de centroderecha del gobierno español, Mariano Rajoy, podría haber querido que resultara elegido el también conservador Sarkozy, pero sin embargo parece salir ganando con la elección de un socialista en París.
"A Rajoy le tocó la lotería en cierto modo. Económicamente, estamos viviendo semana a semana, así que si le damos un cierto relax en los recortes, a él y a Portugal les va a ir muy bien", sostuvo Narciso Michavila, presidente de la consultoría GAD3 en Madrid.
Un miembro del Partido Popular de Rajoy admitió, bajo condición de anonimato, que la victoria socialista había supuesto un alivio para España.
Miguel Murado, analista independiente en Madrid, calificó de "ironía" el hecho de que los conservadores se estén alegrando en secreto por la victoria de un socialista en Francia. "La razón es obvia: se espera que ayude a España a convencer a todos los países de que quizás el ajuste en el presupuesto y el déficit no debería ir tan rápido", dijo, aunque advirtió de que un revés a la centroderecha europea podría dejar a Rajoy aislado al principio de un período de gobierno de cuatro años.
"Más posibilidades". Miembros de la centroderecha italiana también parecían dispuestos a cruzar el espectro ideológico para abrazar a Hollande. Los conservadores italianos han buscado la emisión de eurobonos —deuda emitida por toda la zona euro y garantizada implícitamente por países como Alemania— y habían entrado en conflicto con Sarkozy y Merkel.
"Creo que ahora hay más posibilidades de que Italia pueda desempeñar un papel en el reequilibrio de sus políticas de austeridad hacia el crecimiento y el desarrollo", comentó el ex ministro de Relaciones Exteriores Franco Frattini."Alemania no puede continuar rechazando el eurobono y excluyendo el gasto en inversión de los cálculos de déficit nacional", agregó.
El desempleo juvenil en buena parte del sur de Europa supera el 50 por ciento, y la irritación de la opinión pública va en aumento ante las medidas de austeridad extremas como las aprobadas en España.
Cada vez más, los líderes —y votantes— del sur de Europa están escuchando los argumentos de los economistas que dicen que los objetivos de déficit pueden ser contraproducentes, porque la austeridad puede profundizar la recesión y dañar las finanzas públicas que tratan de arreglar. (Reuters)