El Mundo

Los republicanos tienen su candidato de línea dura: Marco Rubio

Al día siguiente del lanzamiento de Hillary Clinton, el senador conservador de Florida se postuló para ocupar la Casa Blanca en 2016.

Martes 14 de Abril de 2015

El senador republicano de origen cubano Marco Rubio confirmó su precandidatura presidencial. Hijo de inmigrantes cubanos, el senador conservador por Florida de 43 años oficializó su candidatura con un acto en Miami. Rubio presentó su postulación al día siguiente de que lo hiciera la demócrata Hillary Clinton. La secuencia marca el inicio de la larga campaña que terminará recién con la elección presidencial en noviembre de 2016.

Rubio lanzó su esperada precandidatura a la investidura republicana para la Casa Blanca en 2016, en un discurso en el que pidió un "nuevo liderazgo estadounidense" que no esté "anclado en el siglo XX". Hijo de inmigrantes cubanos pobres, el senador dijo representar una nueva generación de políticos, en una clara crítica a sus principales rivales, la ex secretaria de Estado demócrata Hillary Clinton y su ex mentor republicano, Jeb Bush. "Por eso hoy, basado en las lecciones de nuestra historia e inspirado por la promesa de nuestro futuro, anuncio mi candidatura para presidente de Estados Unidos", dijo Rubio ante unas mil personas en la simbólica Torre de la Libertad en Miami, donde los refugiados que huían del régimen de Fidel Castro fueron procesados entre 1962 y 1974. "He escuchado que algunos sugieren que debo hacerme a un lado y esperar mi turno, pero no puedo, porque creo que nuestra identidad como nación excepcional está en peligro, y yo puedo cambiar las cosas como presidente", dijo Rubio, quien apareció junto a su esposa y cuatro hijos. Rubio resaltó su historia personal, hijo de un matrimonio pobre de cubanos que llegaron a Estados Unidos buscando un futuro mejor. "Vivo en un país excepcional donde incluso el hijo de un mesero y una criada puede tener los mismos sueños y el mismo futuro de aquellos que nacieron con privilegios", remarcó. Rubio, quien habla fluidamente tanto inglés como español, dijo en castellano una frase que le escuchó a su padre: "En este país ustedes van a poder lograr todas las cosas que nosotros no pudimos".

Semblanza. De niño, Marco Rubio le decía a su abuelo exiliado cubano que algún día derrocaría a Fidel Castro y sería presidente de Cuba. Hoy, a los 43 años, quiere ser el primer mandatario latino de Estados Unidos. Tras meses de preparación, Rubio se convirtió en el aspirante más joven a la investidura republicana en las primarias para las presidenciales de 2016. Rubio nació en Miami en mayo de 1971, hijo de un matrimonio cubano que abandonó la isla quince años antes para escapar de la pobreza. Años después del arribo al poder de Fidel Castro en 1959, su familia decidió no regresar más a Cuba, un país que Marco Rubio nunca ha conocido. Pero Cuba es el hilo conductor de la vida del político, cuyas ambiciones, dice, son las mismas de generaciones de exiliados que buscaron recomponer sus vidas en Estados Unidos. "Yo soy hijo de inmigrantes, exiliados de un país en problemas. Ellos me dieron todo lo que estaba en su poder para dar. Y yo soy prueba de que sus vidas importaron, su existencia tenía un sentido", escribió en su autobiografía.

Hijo de un barman y una mucama, Rubio creció en la numerosa comunidad cubana de Miami. Bajo la influencia de su abuelo, que no hablaba inglés, se apasionó por la política. Fue seguidor del senador Edward Kennedy, un ícono de los demócratas más progresistas, antes de quedar prendado del presidente republicano Ronald Reagan. Los estadounidenses descubrieron el nombre de Marco Rubio en 2010, durante su espectacular elección al Senado, montado sobre la ola del Tea Party.

Dos años después de graduarse como abogado, fue electo en 1998 al consejo municipal de West Miami. Un año más tarde, a la Cámara de Representantes de Florida, donde fue su primer presidente cubano-estadounidense, de 2006 a 2008.

Tiene todo para agradar: una sonrisa estelar, es apuesto, excelente orador, a pesar de un ritmo desenfrenado y una impaciencia a veces visible. Rompe con el cliché del conservador tradicional: va con su esposa Jeanette y sus cuatro hijos a misa, pero escucha al rapero Grandmaster Flash. Y habla fluido español e inglés, una ventaja para el Partido Republicano, que ha sido abandonado por los votantes latinos. Pero su imagen se desinfló un poco en 2013, al impulsar un proyecto de reforma migratoria que habría conducido a la regularización de millones de indocumentados. Rubio intenta desde entonces remontar la cuesta. Continúa sus esfuerzos por demostrar que puede encarnar la renovación ideológica de los conservadores. Presenta sus propuestas para reducir la pobreza y reformar el sistema de jubilaciones, sin olvidar valores tradicionales como el matrimonio.

Un halcón. Pero su promoción de una dura política exterior lo expone a las críticas de la facción aislacionista del Partido Republicano. Rubio cree que crisis como las de Siria, Irak, Ucrania e Irán fuerzan a Estados Unidos a implicarse. Clasifica a Cuba en la misma categoría que Irán y Siria y busca su aislamiento a toda costa. Dice que no pisará la isla mientras haya un Castro en el poder y es un fiero antagonista del acercamiento con La Habana iniciado por Obama.

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