Finalmente, 20 días después de las elecciones del 3 de noviembre, Donald Trump aprobó iniciar el proceso de transición a la administración del presidente electo Joe Biden. En un tuit, instruyó a su equipo para que coopere con el nuevo mandatario electo, aunque señaló que seguirá impugnando los comicios en los tribunales. La decisión fue recibida con alivio en el equipo de Biden, que ayer empezó a nombrar a las figuras principales de su futuro gabinete. Trump había sumado una serie de demoledoras derrotas en los tribunales en la última semana. Además, la fecha clave se acercaba, el 20 de enero, en la que por tradición en EEUU se hace el traspaso de mando.
Por Twitter, el mandatario le agradeció a la titular de la Administración de Servicios Generales (GSA), Emily Murphy "por su firme dedicación y lealtad” a Estados Unidos. Luego, le recomendó que tanto ella como su equipo "hagan lo que sea necesario con respecto a los protocolos” y le ordenó a su equipo que hiciera lo mismo, de manera de iniciar la transición.
“Quiero agradecer a Emily Murphy del GSA por su firme dedicación y lealtad a nuestro país. Ella ha sido acosada, amenazada y abusada, y no quiero que esto le suceda a ella, su familia o empleados de GSA. Nuestro caso continúa. Sin embargo, en el mejor interés de nuestro país, recomiendo que Emily y su equipo hagan lo que sea necesario con respecto a los protocolos iniciales, y le he dicho a mi equipo que haga lo mismo", escribió en su Twitter el presidente republicano. Como se observa, nada similar a un tradicional discurso de “concesión”, como se llama en EEUU al discurso de admisión de la propia derrota, que normalmente hace el vencido la misma noche de las elecciones. Trump dejó pasar 20 días desde ese día y para solamente enviar el citado tuit, en el que la admisión de la derrota es tácita.
Pero de todas formas Trump hizo su primer reconocimiento de la derrota en las elecciones, luego que la Administración General de Servicios (GSA) determinara que el presidente electo Joe Biden es el “aparente ganador” de la votación del 3 de noviembre, despejando el camino para el inicio oficial de la transición.
Es que la citada funcionaria Emily Murphy, titular de la Administración de Servicios Generales (GSA), designó horas antes al presidente electo Joseph Biden como el “aparente” ganador de las elecciones, proporcionandole a su equipo fondos y recursos federales para la transición y autorizando a sus asesores a comenzar a coordinar con los funcionarios de la administración Trump.
La decisión se produjo después de que varios legisladores republicanos de alto rango denunciaran la demora de Murphy en permitir que comenzara la transferencia pacífica del poder, una demora que, según Biden y sus principales asesores, amenazaba la seguridad nacional y la capacidad de la administración entrante para planificar de manera efectiva combatir la pandemia en curso. Líderes republicanos también habían aprovechado el fin de semana para exigirle a Trump que diera paso a la transición y dejara sus reclamos legales.
Poco después del tuit de Trump (el que sin dudas pasará a los libros de historia), el director equipo del presidente electo, Yohannes Abraham, calificó la decisión como "un paso necesario para comenzar a abordar los desafíos que enfrenta nuestra nación, incluyendo controlar la pandemia y encarrilar la economía. Esta decisión final es una acción administrativa definitiva para comenzar formalmente el proceso de transición con agencias federales. En los próximos días, funcionarios de la transición comenzarán a reunirse con funcionarios federales para discutir la respuesta a la pandemia, obtener una imagen completa de nuestros intereses de seguridad nacional y un entendimiento completo de los esfuerzos de la administración Trump" para dejar el gobierno.
Horas antes, Biden había comenzado a nombrar a las figuras principales de su gabinete. Nominó a Antony Blinken, su asesor de larga data, secretario de Estado, a Jake Sullivan asesor de Seguridad Nacional, al cubano Alejandro Mayorkas secretario de Seguridad Interior, el primer inmigrante en ocupar esa cartera, y al ex canciller John Kerry delegado para asuntos climáticos.