"El mundo no le sonríe a nadie que se muestre heterodoxo" señala Emilio Cárdenas
cuando se lo consulta sobre los pesares del gobierno en el frente externo financiero. Para el ex
embajador ante la ONU, "Argentina tiene que volver a la normalidad" en el ámbito financiero
internacional. Cárdenas vino a Rosario para participar de un ciclo de conferencias organizado por
la Fundación Libertad.
La consulta sobre el pago en efectivo al Club de París era ineludible.
—Con el pago al Club de París, ¿se termina la Chávez-dependencia, o este alineamiento
es electivo, va más allá de un cuello de botella financiero?
—Va a depender de lo que quiera hacer el Ejecutivo. Haber dejado atrás la
restricción del Club de París no quiere decir que hayamos llegado a la normalidad. Lo habremos
hecho sólo cuando acordemos con los acreedores que quedaron fuera del canje de deuda. Son estos
miles de particulares, y no los Estados que componen el Club de París, los que significan una
amenaza y nos impiden recurrir al mercado internacional de crédito. El riesgo del embargo es mucho
más un riesgo privado que el de un Estado, siempre más tolerante. La Argentina tiene que desarmar
juicios por cifras récord, tanto en el Ciadi del Banco Mundial como en tribunales de Nueva York,
Alemania, Italia, Japón. Tiene que haber una estrategia de vuelta a la normalidad. Este cuadro
tiene su origen en la obstinación de generar enemigos ficticios, como los organismos
internacionales de crédito. Obstinación que pudo tener éxito gracias al viento a favor de los
commodities. Hoy ese viento todavía está, pero más calmo. De manera que a la Argentina le conviene
volver a la normalidad, porque hemos vivido en la patología. La dirección de esta decisión (por el
pago al Club de París) es correcta; no abre la puerta, pero es una decisión sin la cual la puerta
no se podría abrir. Y esas decisiones adicionales que señalo seguramente van a venir, pero, claro,
vendrán dentro de esta retórica que siempre castiga, que demoniza, que no ayuda al clima de
inversión. Muestra una animosidad que es ficticia, para consumo interno, pero que hace que en el
exterior la gente no se sienta cómoda. Cualquiera que haya visto el conflicto con el agro, que en
definitiva fue el conflicto con los inversores locales, se alarma enormemente en cuanto a la
Argentina como lugar para invertir. Tenemos que salir de ese juego populista alocado y gobernar con
sabiduría.
—Usted dice que ve a la Argentina limitada a la región más España, con la que además
parece terminamos de pelearnos. Y en la región tenemos una posición muy desbalanceada.
—La región hoy funciona con dos ejes: uno es el de aquellas economías que
creen en la ortodoxia y no le temen al mundo y enfrentan a la globalizaicón (Chile, Perú, Colombia,
Brasil, México). Ahora, si me pregunta si Agentina está en ese eje, le diría que no. Si me pregunta
en qué eje está, bueno, hay otro eje en la región, el bolivariano. El de la retórica, el
autoritarismo, el aislamiento y la fantasía. Argentina no tiene el "sello" bolivariano, pero quizás
no lo tiene porque no lo puede tener: intentar ponerle ese sello sería enfrentar problemas muy
serios en un país que mayoritariamente no lo desea, que no quiere estar ahí. Lo que pasa es que
Argentina se ha enrolado en esa línea, ha dado pasos lamentables en esa dirección.
—¿Cúal, por ejemplo?
—Para mí, el último fue la conferencia de la FAO en Roma, donde asistió la
presidenta y defendió las retenciones, y cuando se tuvo que votar la posición argentina los dos
únicos países que la defendieron fueron Cuba y Venezuela. Y los que dieron opinión favorable pero
sin votarla, fueron Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Es el eje bolivariano. Eso se hizo de cara al
mundo, en un organismo mulitateral. Hoy quienes se preguntaban dónde estábamos posicionados tienen
menos dudas. Y se traicionó la posición tradicional antiproteccionista argentina.