Corazones celestes y blancos en la puerta de ingreso y un detallado cronograma de actividades anunciaban una intensa jornada sobre Malvinas en la Escuela San Luis Gonzaga, de Empalme Graneros. Los chicos y chicas recibieron días atrás la visita de excombatientes y de una mujer que estuvo en la guerra y les mostraron el trabajo que realizaron durante todo el año en las aulas para reivindicar la soberanía argentina sobra las islas.
En el hall de la planta baja, un grupo de docentes estampa remeras con el dibujo de las islas, el nombre de la escuela y la frase "Malvinas argentinas". Más allá un grupo de nenas vestidas de enfermeras evocan a las mujeres que también fueron parte de la historia escrita en 1982. Avanzando por la galería, una hilera de mesas sirven para exponer los cuadernillos escritos por los chicos y chicas de cuarto y quinto grado. Allí, además de los textos, hay fotos de Malvinas recortadas de diarios y revistas. De su geografía y del tiempo que duró la guerra. Pero también hay imágenes de las Abuelas y Madres de Plaza de Mayo. "La idea del proyecto era cerrar con un mensaje de paz", explica Lina Alonso, maestra de matemática y, junto con la de ciencia Daniela Caro, impulsoras del proyecto.
"Los chicos arrancaron primero conociendo geográficamente las islas, dónde estaban ubicadas, el tema de la plataforma submarina, flora, fauna y clima. También el suelo, porque así conocían las condiciones de vida de los soldados sobre ese suelo esponjoso, con viento fuerte y falta de árboles. Seguido a eso hablamos del tipo de gobierno y lo que decían los medios de comunicación. Pero el conflicto bélico fue lo último", explica Lina.
Toda la escuela participó de esta propuesta. Es que si bien la idea de trabajar Malvinas arrancó con los nenes y nenas de cuarto y quinto, también se sumaron los otros cursos. Con los de sexto y séptimo, por ejemplo, abordaron conceptos de soberanía, colonización, dictadura y democracia. Y con los más chiquitos trabajaron el concepto de superhéroe y héroe: el primero, asombroso pero ficticio, el segundo, testimonio vivo y real. Además, un grupo de mamás y alumnas escribieron la biografía de cada una de las enfermeras de Malvinas, para luego dar charlas en la institución sobre el rol de la mujer durante la guerra.
malvi3.jpg
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
malvi5.jpg
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
El ARA, a escala
En una de las mesitas hay varias réplicas en miniatura del ARA General Belgrano, el crucero argentino hundido por las fuerzas británicas durante la guerra. Claudio Ricci, el profesor de tecnología, hizo réplicas a escala de 1 a 400 y con ese molde los chicos diseñaron sus propias versiones "intervenidas" del crucero. "Fue una actividad difícil, porque cada una de las piezas estaban separadas y ellos tuvieron que lograr que queden bien unidas", contó el docente de tecnología. De las actividades también participaron las docentes Laura Vasconcelos y Maite Sosa (plástica).
Amparo tiene 10 años y cuenta que su papá le ayudó a decorar su maqueta del ARA, pintado de gris y con una gran H en el la parte superior: "Es donde bajan los helicópteros", explica la nena. El de Nehuén (10 años) es verde y gris y tiene pegados a los costados pequeños sobres que simbolizaban las cartas que desde el continente se enviaron, de manera solidaria, al "soldado desconocido" de Malvinas. Y el de Nahuel (10) años tiene una frase del cantante Ricardo Iorio: "Por ser quien no olvida y no ha de olvidar, patria, bandera y sentir nacional". Nahuel cuenta además que se emocionó con el trabajo porque su abuelo Julio es un veterano de la guerra, que "estuvo en Malvinas y se pudo salvar".
Para Amparo lo mejor de este tipo de iniciativas "es que es una experiencia diferente" a lo que hacen cotidianamente en clases". Para Nehuén es "aprender algo más de nuestra historia". A Nahuel lo que más le gustó cuando hizo el trabajo del crucero junto a su papá: "Eso me hizo acordar de mi abuelo".
malvi2.jpg
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
malvi6.jpg
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Proyecto escolar
Pero la movida realizada este mes no fue la primera vez que la escuela aborda el tema de Malvinas con sus alumnos. A modo de ejemplo, Lina cuenta que años atrás realizaron una experiencia sensorial mediante la construcción de un túnel, donde al recorrerlo los chicos y chicas se topaban, por ejemplo, con audios de discursos. O con la geografía de las islas, utilizando hielo seco, sonido de mar y un ventilador para simular el clima que se vive en el Atlántico sur.
"Las familias se engancharon mucho. Pienso que este proyecto pegó fuerte en las familias porque lo vivenciaron, porque como tenemos padres jóvenes que eran niños durante la guerra, con este tema se entusiasmaron", apunta la vicedirectora Florencia Dietrich.
Mientras la vice habla con La Capital, se acerca Joaquín, un nene de cuarto grado, con su cuadernillo que hizo para el proyecto. Casi sin preguntas, muestra orgulloso su trabajo, donde se destacan las fotos sobre la guerra, pero también las que refieren al Mundial 78 y las imágenes "de las mamás", en referencia a las Madres de Plaza de Mayo. De lo aprendido en clases cuenta que lo que más le llamó la atención son los testimonios de "los soldados que sobrevivieron".
Pertenencia
Para Lina Alonso, este tipo de apuestas, más allá del objetivo pedagógico, ayuda también a fortalecer el vínculo con las familias y el sentido de pertenencia del alumnado con la escuela. A la San Luis Gonzaga asisten, de primero a séptimo grado, cerca de 520 chicos y chicas, principalmente del barrio Empalme Graneros.
"Esta es una escuela que está en una zona muy humilde, donde está instaurado el tema de la droga y la violencia. Por eso también la idea era entender que cada uno de nosotros en su interior tiene una guerra, de la que podemos salir con valores, respeto y solidaridad, porque siempre hay alguien que te puede dar una mano, que te abrace y sostenga", reflexiona la docente.
Sobre el sentido de pertenencia, cuenta que desde hace algunos años, para el día de la chupina, los exalumos que están en secundarias de la zona se reúnen en la primaria para pasar el día en esa escuela que supo cobijarlos durante su infancia. "Acá los recibimos, les hacemos un desayuno a esos chicos que están en tercero o cuarto año del secundario", dice Lina, con la emoción a flor de piel.
malvi7.jpg
Foto: Sebastián Suárez Meccia / La Capital
Al fondo de la galería, pasando el kiosquito y el patio de la escuela, hay un amplio salón donde desde temprano un grupo de ex combatientes dan su testimonio. De a grupos, los nenes y nenas van pasando para escuchar a Manuel Villegas, Rubén "Cata" Carballo y Silvia Barrera. Los dos primeros, soldados que pelearon en Malvinas; Silvia, una de seis instrumentadoras quirúrgicas del Ejército que con 23 años estuvo en el buque ARA Almirante Irízar.
En el medio llegan las preguntas de los nenes y nenas: si se imaginaban que iba a una guerra o qué sintieron cuando los citaron.
Los veteranos y la veterana de Malvinas hablan de su experiencia y recuerdan la historia de otros que quedaron en las islas, como el maestro Julio Cao, que murió a los 21 años en una batalla en Monte Longdon.
Mientras hablan, del techo del gran salón cuelgan atrapasueños con los colores de la bandera argentina. La seño Lina cuenta que, tras aprender en clases la leyenda del atrapasueños, decidieron hacer algunos para este actividad. Para atrapar el dolor de lo vivido en las islas y quedarse con los valores y el sentido de pertenencia.