Estoy tan emocionado que deseo dejar un testimonio de mi felicidad por la eficiente y arriesgada actitud de los uniformados. Lograron desbaratar en su propia fuerza, quienes cobraban por dejar ejercer la prostitución, el juego, el robo de camiones y los desarmaderos de vehículos, entre otros. La ministra Garré reconoció que desde hace muchos años la fuerza está profundamente contaminada con estos viles servidores públicos que usan el uniforme y la autoridad que se les confiere para delinquir sin pruritos de ninguna naturaleza. Pero la corporación es la corporación, a lo sumo un pase a disponibilidad para que lo siga haciendo en otro lugar, con los resultados que todos conocemos. Es realmente una burla, una ironía, debemos felicitarlos cuando hacen las cosas como corresponden y para lo que fueron convocados. Que hipocresía de ambas partes. Sinceramente siento vergüenza ajena.































