Según el historiador Vicente Sierra, autor de Historia de La Argentina, no se conoce qué fue del acta fundacional de San Luis, pero de sus investigaciones surge que fue fundada por Luis Jufré de Loayza y Meneses el 25 de agosto de 1594. El primer nombre de esa fundación fue San Luis de Loyola Nueva Medina de Río Seco; luego pasó a llamarse San Luis de la Punta de los Venados (de ahí aquello de “puntanos”), para finalmente, como sucedió con otras ciudades argentinas terminar con su nombre reducido a la mínima expresión; en este caso, a dos palabras: San Luis. A propósito de “puntanos”, ellos son los nacidos en la capital provincial, pero por extensión, la gente del país llama así a una persona oriunda de cualquier lugar del territorio sanluiseño. Y un conocido puntano (de la ciudad capital) fue el autor y compositor Rafael Arancibia Laborda, “el Chocho” para los amigos, quien en su famosa cueca “Caminito del norte” escribió: “Serranías encantadas, aire, verdor y pureza; quien no conoce San Luis ¡no sabe lo que es belleza!”. Si usted conoce esa tierra podrá dar fe de las palabras del poeta que en sus canciones, habla justamente del Camino del norte, del Rincón del este, de los Comechingones, del viento Chorrillero; y nombra a El Durazno, Estancia Grande, Potrero de los Funes, La Florida, Piedra Blanca, Cortaderas; Los papagayos, Carpintería; El Trapiche, El sulluque, El portezuelo y La Quebrada de los Cóndores. Yo quiero mencionar además, entre otros lugares, a Merlo, Concarán, Renca, el Parque Nacional Sierra de Las Quijadas, las Salinas del Bebedero, San Francisco del Monte de Oro (donde enseñara Sarmiento) y Villa Mercedes (la de la “calle angosta”). Todos sitios inolvidables por distintos motivos, como para querer volver a San Luis.





































