Como si fueran arrebatadores a domicilio, un grupo de delincuentes que se desplazaba en tres motos aprovechó que un auto salía por el portón de una casa de la zona noroeste para entrar a robar. Una joven que integraba la gavilla rompió el hielo y dominó a punta de pistola a la mujer que estaba saliendo en el coche, mientras que los demás ingresaron con los rodados al jardín y fueron hacia el interior de la vivienda en busca de lo que hubiera de valor. Así controlaron a la dueña de casa, que no dudó en entregarles unos 400 dólares y 500 pesos en efectivo, un botín insignificante en comparación con el susto que sufrieron las víctimas. Máxime, si se piensa que aún no terminaban de recuperarse de un atraco sufrido una semana antes.
Mariana García vive desde hace unos veinte años en lo que se conoce como Fisherton Norte, una zona tranquila y pintoresca cercana al autódromo. "Nunca fue un lugar inseguro, pero últimamente están pasando estas cosas más seguido", comentó la abogada de 45 años, antes de relatar el atraco que sufriera anteayer, alrededor de las 19.30, en su casa de Wilde al 1200 bis, entre Schweitzer y Juan B. Justo.
Control remoto. En una cuadra bastante arbolada, la casa de Mariana tiene un portón de madera que se abre con un control remoto y a través del cual se ingresa a un jardín que tiene espacio para guardar un par de autos. Anteayer, su hermana Paula, actriz de 42 años, había ido a visitarla en su vehículo.
El atraco, presumiblemente al voleo, se desencadenó cuando Paula se iba y Mariana le abrió el portón. Para ello accionó el control remoto desde la puerta de la casa, a unos 10 metros de la entrada.
"Le abrí el portón para que saliera y me quedé esperando para cerrarlo. Ella se demoró un poco porque tuvo que corregir una maniobra y en eso vio pasar tres motos que llegaron a la esquina y pegaron la vuelta. Ella empezó a tocar bocina y logró meter el auto de nuevo. Yo accioné el control para cerrar, pero los tipos entraron antes", relató la abogada.
La pandilla motorizada se metió raudamente en la casa. Una mujer se encargó de Paula junto al portón de ingreso. Y cuatro o cinco hombres —muy nerviosa, la víctima no pudo siquiera contar cuántos eran— se metieron en la casa.
"La plata". "Dame la plata", gritó el ladrón que llevaba la voz cantante. Mariana fue hasta el dormitorio donde guardaba en una riñonera una cantidad de dinero en efectivo cuyo monto exacto desconocía. "Les di esa riñonera, que tendría unos 400 dólares y 500 pesos. No tenía nada más", contó, y no pudo aportar demasiados detalles sobre los intrusos, que tapaban sus rostros con gorras.
Los maleantes casi ni se molestaron en revolver las habitaciones ni en buscar algún otro objeto de valor en la casa.
En tanto, Paula seguía afuera de la vivienda en manos de la mujer de la gavilla. "Una vecina que oyó ruidos preguntó a través de un cerco si estaba todo bien. Y mi hermana, encañonada, tuvo que decirle que sí", recordó la víctima.
Cinco minutos después de entrar, los hampones montaron en las tres motos y huyeron. Se llevaron el dinero que les entregó la dueña de casa y la cartera de su hermana con documentos, tarjetas y hasta las llaves de la casa, lo que la obligó a cambiar inmediatamente la cerradura y hacer todos los trámites para anular los plásticos.
Siete días antes. Si bien el hecho afectó profundamente a las víctimas, Mariana debe haber sufrido mucho más el martes de la semana anterior cuando alrededor de las 14.30 su hijo de 13 años la llamó por teléfono para avisarle que un intruso había saltado el alambrado y estaba violentando una persiana para entrar a la casa.
"No puedo explicar la desesperación que me agarró, yo estaba en Funes. Me llamó porque estaba escuchando que alguien estaba tratando de romper una persiana de la parte de atrás de la casa para entrar", narró la madre de Facundo.
Al parecer, los delincuentes habían tocado timbre pero el chico no contestó. Eso los habrá hecho pensar que no había nadie en la vivienda. Entonces uno ingresó al parque para ver por donde entrar, mientras otro se quedó en la calle de campana.
Al escuchar los ruidos, Facundo salió de la casa para buscar ayuda. Así se encontró con el intruso. "Me dijo «dale que te cago a tiros», pero no me mostró ningún arma. «Dale, dame rápido o te mato», me decía, porque el que estaba afuera lo estaba apurando", contó el adolescente.
En virtud de tanta premura los delincuentes no se llevaron un botín muy suculento. Un reproductor de DVD, una consola de Play Station y el celular del adolescente, que no vaciló en entregarle también el efectivo que tenía encima: cinco pesos.
"Nunca demoró tanto un viaje desde Funes hasta mi casa. Por suerte no nos lastimaron en ninguna de las dos oportunidades, sólo se llevaron cosas materiales", resumió Mariana, mientras pensaba en reforzar el alambrado de su propiedad, y con una discreta esperanza de que este tipo de momentos no se hagan parte de su rutina como en los últimos siete días.