Hace unos días tuve una sorpresa hermosa, atendí en el consultorio a mi maestra de 5º grado, la seño Susana. Fue enorme la alegría que me produjo encontrarla tan bien. Su sonrisa me transportó unas décadas atrás y acarició mi alma. En ese momento llamé a mi compañero de banco, hoy gerente de una empresa líder en Buenos Aires que siempre me pregunta por ella. Cuantos recuerdos gratos atesoramos de aquella época de estudiantes. Con la gran mayoría de mis compañeros somos la segunda o tercera generación en América, descendientes de gringos, españoles y europeos que escaparon de las guerras y crisis de comienzos del siglo veinte. Y en estas tierras encontraron las oportunidades que en ese momento sus países no ofrecían. Y fue la educación la herramienta más importante que permitió llevar a nuestro país a un lugar preponderante en el contexto internacional a mediados del siglo pasado. Así que vaya mi agradecimiento gigante a todos los maestros y profesores de las aulas, de la profesión y los de la vida. Y a los docentes actuales el pedido que continúen con su enorme sacrificio, vocación, y talento que tanto necesitamos en tiempos difíciles, ya que de ellos depende en gran parte el futuro de nuestros jóvenes y de la sociedad en su conjunto.
































