Nuestro querido autódromo de Rosario sigue cerrado y a la espera de que una decisión política lo salve de la muerte. Sin dudas, el automovilismo es el deporte que más movimiento económico genera en una ciudad. Cada fin de semana, de 40 a 60 mil personas se movilizan en familia hacia los autódromos donde se realizan competencias. Siempre la convivencia entre los espectadores es pacífica y amistosa, ya que podemos ver compartiendo las carreras juntos a hinchas de Ford y Chevrolet. Familias enteras concurren todo el fin de semana a las competencias demostrando que el automovilismo es un deporte sano libre de violencia. Cuando una categoría llega a una ciudad, ésta se moviliza. El arribo de los equipos comienza a notarse el miércoles anterior a la prueba. Los hoteles se ven desbordados por la afluencia de público y deben derivar los visitantes a localidades cercanas. Y así como los restaurantes y hoteles aumentan sus ingresos, hay otros comercios que también incrementan su facturación: bares, shopping, casino, estaciones de servicio, supermercados, locutorios, quioscos, casas de regalos, diarieros, taxis, etcétera. Inigualable es el dinero que mueve esta actividad, que muchos ven como un pasatiempo de algunos pocos. Pero no es así, el deporte motor pone en funcionamiento una auténtica economía sobre ruedas. No existe ciudad de la Argentina donde se opongan a los autódromos; todo lo contrario, apoyan la decisión de la creación y/o remodelación del que posean. Sólo en Rosario padecemos el cierre del autódromo. Hago mías las palabras que Luis José Piacenzi expuso en su carta el miércoles 21 de octubre: los tuercas también formamos parte de la sociedad y como tales queremos ser escuchados por las autoridades municipales y provinciales para beneficiar a la ciudad con ingresos genuinos y espectáculos que disfruten todas las familias.































