Soy rosarina por adopción y amo profundamente esta ciudad como a mi querido pueblo que me vio nacer. El crecimiento y las alegrías de ambos son mis alegrías. El pasado domingo por la mañana, una de esas emociones llegó serenamente a mi corazón: cruzando el parque Independencia, más precisamente frente a las puertas del Club NOB, mil personas, algunas de ellas con camisetas que ostentaban los colores de la institución, se aprestaban a correr una maratón. Estaban allí mayores, jóvenes, niños, familias y con capacidades diferentes, viviendo la alegría de un domingo soleado. Junto a ese sentimiento de emoción fui entrando en un estado de meditación y vi el Parque más verde, más iluminado y más feliz. ¿Qué había sucedido? Muy poquito, simplemente un club había abierto sus puertas a la alegría y a la sana convivencia. Esas mismas puertas que estuvieron injustamente cerradas durante mucho tiempo. Mi agradecimiento a los organizadores.































