Días pasados fui a comer con mi novio y una pareja amiga a un lugar muy concurrido de Rosario. Como todo fin de semana, había mucha gente. Mientras dialogábamos, notamos que quienes cenaban en una mesa cercana se habían retirado, pero olvidaron el teléfono celular. Enseguida vino una chica de limpieza, vio el celular y lo tomó. Pensamos que lo iba a devolver, pero lamentablemente no fue así. Lo guardó en su bolsillo y siguió limpiando como si nada hubiese pasado. Mientras se retiraba, la seguimos con la mirada hasta que decidimos ir a buscarla. Le preguntamos si había visto un celular donde justo ella estaba limpiando y la respuesta fue que no. Hablamos con el encargado de limpieza para contarle lo que había sucedido. Enseguida tuvimos el celular en nuestras manos como era de esperar: apagado y con el chip fuera de su lugar. Llamamos al dueño del teléfono móvil, lo vino a buscar al lugar y nos quiso dar una propina. La rechazamos. Si alguien ve una acción que está mal, no debe quedarse callado. Si nosotros no hubiésemos reclamado, esa señorita se hubiese quedado con el aparato.



































