Todos los días vemos, oímos, repetimos cantidad de comentarios respecto de cosas que ocurren a nuestro alrededor que nos angustian, muchas veces nos hacen sentir muy mal. Dolor, destrucción, violaciones, descontrol, falta de acatamiento a las normas, adolescentes en riesgo que pasan a nuestro lado. Y en esa queja constante que rezamos, muchas veces no vemos la gran cantidad de cosas buenas que nos pasan. Hoy, las personas que firmamos esta nota, queremos expresar nuestro agradecimiento y admiración por los doctores Yanina Marcelloni y Hugo Appiani (que ya no se encuentra entre nosotros), quienes en el anonimato de su trabajo diario en el hospital, dan la posibilidad a estos niños de dar un salto radical en su calidad de vida, brindándoles la posibilidad de insertarse en la sociedad como un niño más y no el niño raro de la malformación. Damián es alumno de la Escuela Rural Las Tres Marías, sobre la ruta 91 (Santa Fe) con una dificultad congénita (fisura alveolopalatina). Razones de distancia, trabajo, económicas, desconocimiento, hicieron que este niño llegara a los ocho años sin la cirugía que debió hacerse a los pocos meses de vida. No sin tropiezos y con las dificultades propias que implica conseguir una cama, o la disponibilidad del quirófano en el hospital, tanto Damián como Jeremías y Bernardina pudieron ser operados y estar hoy gozando de una vida mucho más saludable. Hoy Damián, aún sin haber hecho el tratamiento fonoaudiológico que corresponde, ya come y habla casi sin dificultades. No queremos dejar de mencionar la calidad humana, el trato afectuoso, cariñoso de la doctora Marcelloni y su equipo de médicos para con estos niños, para con sus padres y para cuantas personas que nos acercamos a hablar con ellos. Siempre teniendo en cuenta que "alrededor de toda malformación hay un niño, alrededor de cada niño existe un grupo familiar, alrededor de cada familia deberá encontrarse una sociedad interesada en resolver sus problemas".

































