El gran actor gales de teatro y cine Timothy Dalton protagonizó dos veces al agente secreto James Bond en dos títulos impecables, en cuanto a trama, bandas sonoras, reparto y recursos visuales. Probablemente sus dos películas que no tienen fisuras, sean las mejores de la serie sobre el famoso espia. La segunda de ellas ("Licence to kill", de 1989) basándose en la vida real de un famoso narcotraficante colombiano (Pablo Gaviria Escobar), retrata como nadie cuál es el accionar de los zares de la droga. En dicho filme, Franz Sánchez, jefe de un cartel colombiano dice: "En este negocio hay muchas manos extendidas (sobornos). Es más fácil para los políticos recibir plata que plomo. Un día despiertas a la mañana y te encuentras con que eres dueño del país. Entonces tomas lo que quieres, un aeropuerto, un casino, un hotel, un juez, un general, un comisario, un presidente." Sé con absoluta certeza de la honestidad de uno de los integrantes de un tribunal que recientemente pactó con delincuentes (el doctor Guillermo Camporini, y confío ciegamente en su buena fe y hombría de bien), de los otros dos miembros no opino porque no soy quien. Pero, repito, de uno de sus miembros no tengo la menor duda de que es una persona honesta. En cuanto a lo decidido, es decir, un pacto con delincuentes, cuando se supone que existen leyes de peso, y que no son los delincuentes los que ponen las condiciones sino las leyes, que para eso se supone que están, es una claudicación de la Justicia, de ese paquete de leyes, de una institución (judicial), de la Justicia y de la Republica. Vendría a explicar, también, el porqué nunca se haya erradicado a los barras bravas en los clubes de fútbol. Si los integrantes del tribunal (como dije antes, de uno estoy segurísimo que lo es) son personas honestas, no permitan que la ciudadanía piense que si pactan con delincuentes es porque hay algo entre los miembros de ese tribunal y los malvivientes. Si hay presión de algunos políticos para beneficiar a los que han delinquido, cosa que no me extrañaría en absoluto, que lo hagan público. Si somos un pueblo con cojones, a esos políticos los pondremos en el lugar que merecen. Otra cosa sobre este caso no me cabe pensar. El razonamiento que uno hace respecto de este caso y su conclusión es como el timón trabado de una nave en pleno océano, si ordenamos avante, la proa termina por apuntar siempre hacia la misma dirección. Con todo el respeto que me merece el citado tribunal.



































