El bandoneonista y cantautor Rubén Juárez falleció ayer en el porteño sanatorio Güemes donde se encontraba internado desde el viernes, debido a un “deterioro importante” en su salud.

El bandoneonista y cantautor Rubén Juárez falleció ayer en el porteño sanatorio Güemes donde se encontraba internado desde el viernes, debido a un “deterioro importante” en su salud.
El músico sufría cáncer de próstata, por lo que realizaba un tratamiento en su domicilio, en Villa Carlos Paz, pero debió ser trasladado la semana última a la Capital Federal al agudizarse el cuadro con una metástasis en los huesos, explicaron sus familiares. Como se informó en el parte médico del sábado, fue internado en terapia intensiva por un cuadro de deterioro del estado general y fiebre, asociado a su enfermedad de base.
Los restos del eximio músico del dos por cuatro de 62 años y más de 40 de trayectoria artística, son velados en la Legislatura porteña.
Dueño en su momento del recordado Café Homero en la zona de Palermo, Juárez se había radicado desde hace algunos años en Carlos Paz, Córdoba, su provincia natal, ya que había nacido en la ciudad de Ballesteros.
Decía Juárez sobre su residencia, que “tal asentamiento me hace ver las cosas de otra forma: uno no tiene ganas de correr, todo es más despacio e incluso me divierto con la gente, en el supermercado, por la calle. Todo es más natural, sin clichés armados”.
Juárez tenía dos años cuando su familia dejó Córdoba para mudarse a la bonaerense ciudad de Avellaneda, donde él, a los seis años, empezó a estudiar bandoneón y guitarra y en 1956 integró como bandoneonista la orquesta típica del club Independiente.
Comenzó su etapa profesional al ganar un concurso de cantantes organizado por una cantina de barrio y luego concretó giras por las provincias a dúo con el guitarrista Héctor Arbelo, quien había acompañado al afamado cantor Julio Sosa hasta que éste murió, poco tiempo antes.
En una de esas turnés, Juárez conoció a Horacio Quintana, ex vocalista de la orquesta de Lucio Demare, quien quedó gratamente sorprendido por las cualidades del joven artista y trabó con él una amistad que al bandoneonista le abrió las puertas de Caño 14, el más importante reducto tanguero capitalino de los 60, y le facilitó grabar en 1969, para Odeón, su primer disco con el tango “Para vos, canilla”, del propio Quintana y Julio Gutiérrez Martín. Al poco tiempo participó del programa televisivo “Sábados circulares” de Nicolás “Pipo” Mancera. A partir de allí, comenzó a cimentar una gran carrera.
“El tango vive un momento de gran ebullición como danza —comentó Juárez hace algunos años—. Se está bailando mucho en todo el mundo, pero aún nos falta consolidarnos bien en lo autoral, porque aunque hay cosas nuevas, los clásicos siguen predominando”.
Juárez grabó con figuras como Armando Pontier, Raúl Garello, Charly García, Leopoldo Federico, Pedro Aznar, Litto Nebbia, el guitarrista Roberto Grela y José Colángelo.
“Me siento un afortunado por todo lo que la vida me dio —comentó en esa oportunidad—, tuve el honor de participar de la orquesta de Aníbal Troilo, mi gran maestro; admiré y admiro al genial Astor Piazzolla, y la asignatura que me quedó pendiente fue haber grabado algo con ellos”.




Por Carina Bazzoni