Leyendo los comentarios de Carlos Telleldín, abogado de Rodríguez (el papá de Candela), transcribo algunas de sus frases que rayan con la apología del delito: "Es un buen tipo metódico". Incluso, para minimizar las acciones que llevaron a Rodríguez a la cárcel, señaló que en la última causa por el robo del camión “simuló que tenía un arma, es un ladrón que no daña a las personas”. Su cliente “no usó armas, usó la picardía criolla”. “Hay que separar dos tipos de delincuentes, el que va con banda y usa armas, y éste que es un perejil”. Inmediatamente, vino a mi memoria el libro de Marcos Aguinis “El atroz encanto de ser argentinos”, donde se pone de manifiesto lo peor de esta “viveza”, oficializada por la dirigencia, que ha producido punteros, ñoquis, privilegiados a sueldo con una creciente burocracia y clientelismo electoral. Esto alimentó una inequidad social que ha ido incrementándose. En 1911 G. Bevione escribe sobre Argentina que en aquélla época de bonanza y derroche se dilapidaba el dinero público, existía una arraigada corruptela política y no funcionaba la Justicia. Le asombró la voracidad de la gente por recibir pensiones del erario público, como si se tratase de un derecho natural. “Es un país donde el Poder Judicial no tiene independencia y el Poder Ejecutivo no tiene frenos”. Charles Darwin también azorado por las raíces de la corrupción, se manifestó extrañado ante la solidaridad con los delincuentes y con los que violan la ley. No se percibe el daño en cadena que produce la falta de sanción. “La viveza o picardía criolla refleja o encubre habilidades y miserias. No sólo busca lecho y comida, sino que anhela mucho más, porque se considera el centro del mundo (para lograrlo vale todo: mentir, holgazanear, aprovecharse de las debilidades ajenas, se ningunea la Justicia); si las cosas le salen bien, aumenta su megalomanía; si salen mal, la culpa la tiene el otro”. Se pregunta: “¿Qué pasaría si los vivos se convierten en mayoría? Como son mayoría, ocuparán el gobierno. La voracidad de los vivos se regodeará con la rapiña. Pero el país que comandan –el barco en que navegan- terminará por hundirse junto con ellos. Y termina diciendo: “Toda semejanza con la realidad, ¿es pura ficción?”.
































