Matías Caquita Verón tenía solamente 18 años, pero ya contaba con un prontuario
atiborrado de delitos. En los últimos diez días, según fuentes policiales, se había enfrentado a
balazos con un miembro del Comando Radioeléctrico después de asaltar a una pareja en la zona oeste
de la ciudad. Estuvo además involucrado en un intento de homicidio de un muchacho en la misma
barriada. Su vida estuvo signada por la violencia hasta el final. Eso ocurrió el miércoles a la
noche, cuando un balazo le atravesó la espalda en una esquina del barrio Ludueña.
Quienes abrieron fuego lo hicieron en venganza a raíz de que, un rato antes,
Caquita había baleado a un muchacho de 17 años. En los incidentes también resultó herido de bala un
hermano de Verón, de 14 años.
Tiros van y tiros vienen. Cerca de las 18 del miércoles, en Teniente Agnetta y
las vías, Jonathan C., de 17 años, recibió un balazo en la pierna derecha. Según fuentes de la
Brigada de Homicidios, el autor del disparo había sido Caquita Verón.
A Jonathan lo llevaron malherido al hospital Carrasco y de allí lo trasladaron
al Hospital de Emergencias. El proyectil pudo haberlo desangrado ya que le atravesó la arteria
femoral por lo que anoche seguía en estado reservado y conectado a un respirador artificial.
Tras ese suceso, cuatro allegados a Jonathan se subieron a dos motos y salieron
tras Verón con la intención de vengar el ataque. Primero llegaron a la casa de Caquita, en Casilda
al 5800 —a unas tres cuadras de donde finalmente lo mataron— pero allí no lo
encontraron. En el camino se toparon con el hermano de su víctima, E.C., de 14 años. Cuando
estuvieron frente a él le descerrajaron dos balazos que le perforaron una pierna por lo que
debieron internarlo en el hospital Centenario.
La agresión que sufrió E. C. desató la ira de su hermano. Pero al salir a buscar
a los atacantes, Verón encontró su muerte. Se topó con sus contendientes en el cruce de pasaje
Rafaela y Garzón, a pocos metros de donde un rato antes habían baleado a su hermano. Entonces, un
proyectil disparado por sus rivales le perforó el omóplato derecho. Ya eran las 20.40 del miércoles
cuando un grupo de vecinos lo subió a un auto y lo llevó al Hospital Centenario. Su vida se apagó
unos veinte minutos después.
Verón fue asesinado en un barrio donde alternan casas de clase media baja con
otras de abierta marginalidad. Los separan las vías del ferrocarril Nuevo Central Argentino y el
pasaje Rafaela. Ayer al mediodía, unos operarios trabajaban sobre las vías. A unos pocos metros,
algunos vecinos señalaron que no conocían detalles del suceso, pero parecían saber más de lo que
decían.
Rumores de barrio.Sólo dos vecinos se animaron a hablar de las andanzas de
Caquita. "Fue una pelea entre delincuentes", contó uno de ellos. Un rato después, otro hombre
comentó que Verón había incursionado en el mundo del delito con una restricción: no cometer atracos
en su barrio.
La policía le atribuye a Verón dos sucesos violentos que ocurrieron en los
últimos diez días: el ataque a balazos a Roberto Martínez, que ocurrió en el cruce de las vías y
Solís, donde él no habría sido el autor del disparo; y un robo a mano armada del que fue víctima
una pareja de Carcarañá en Solís y Eva Perón.
Poco después de ese robo, desde un móvil del Comando Radioeléctrico divisaron a
Caquita en Magallanes y Navarro. Allí, su cómplice fue detenido, pero Verón logró esfumarse después
de tirotearse con uno de los policías.
Baleado
Cerca de las 23 del miércoles Raúl Crespín, de 26 años, recibió cuatro balazos
calibre 9 milímetros que lo dejaron gravemente herido en una sala de hospital. El ataque ocurrió en
San Lorenzo y las vías, a pocas cuadras de donde mataron a Caquita Verón, y ahora los pesquisas
evalúan si ambos episodios están relacionados.