No puedo dejar de pensar en la imbecilidad, la falta de respeto, la violencia y la intolerancia con la que viven algunos el fútbol. Muchos de los que me conocen saben cómo vivimos con mi familia la pasión por este hermoso deporte y principalmente por mi querido club, Central. Me comí los descensos, me mojé y lloré contra All Boys, me mojé entero contra Chacarita el Día del Padre y podría seguir escribiendo “malos momentos”. Pero amo este deporte y amo este club al que conscientemente o no volqué a quienes me rodean. Pero esto que pasó el domingo pasado excede toda lógica, toda razón. ¿Tanto cuesta entender al fútbol como un juego, como un deporte? En los deportes colectivos existen tres posibles resultados: ganar, perder o empatar, el resto no tiene lógica, es un sinsentido, un absurdo... tu equipo puede ganar la Copa Libertadores, puede irse al descenso, puede errar un penal, pero nunca tenemos que validar la violencia como medio de expresión. Sí, ya sé... ahora van a decir que “vivimos en una sociedad violenta y eso se traslada al fútbol”. Es un análisis por demás de simplista que tiene que ver con no tomar la responsabilidad ni la seriedad que las cosas merecen... Hoy los imbéciles que siempre están volvieron a teñir de negro la rica historia futbolera de una ciudad, quienes nos gobiernan volvieron a mostrar la hilacha, quienes deberían cuidarnos también... Mientras tanto algunos deseamos una fiesta en paz, y tengo una angustia que quería compartir porque esa fiesta no se va a ver. Abrazos para todos.

































