Los golpes eran más intensos que de costumbre en la obra de Zeballos al 1000 el pasado jueves 25 de febrero. Hasta hacían inaudible la insoportable música, los gritos y los chiflidos a las mujeres que pasaban por el lugar. Martillaban y parecía que era un sismo y ocurrió lo peor: lo asesinaron. Lo abatieron sin piedad y el cable aéreo que alimentaba mi teléfono dejó de existir y con él, a partir de las 16 de ese aciago día, mi teléfono. Hace un año les había anticipado a uno de los encargados y al responsable de la obra que fueran cuidadosos y que por favor no me cortaran el cable. Me prometieron que harían los trámites en Telecom cuando estuvieran por llegar a la altura donde pasaba la conexión, pero no cumplieron. Con respecto a Telecom es tal cual lo describieron varios lectores sobre la burla al usuario con esa maldita voz que en mi caso 30 veces me señalaba que a la brevedad un maldito asesor me atendería, hasta que sonó el teléfono y esta maldita comunicación virtual se cortó. En síntesis los de la maldita obra me dejaron sin teléfono y Telecom se puede estar enterando ahora gracias a La Capital que mi línea no funciona debido a que su ineficiente y maldito servicio de reparaciones intitulado 114 no sirve para nada. Espero que resuciten a mi querido teléfono.































