Hoy sentí con amargura el doloroso espacio que había quedado en casa. Me pregunto ¿dónde estarás? ¿cuándo volveré a verte? La policía hoy allanó nuestra casa. Te buscan. Espero que puedas leer esta carta y que sepas que seguís contando conmigo. Siempre será así. Desde que tenías 13 años y comenzaste a drogarte, yo pasaba por Tribunales, no sólo para reclamar tu cuota alimentaria sino para sacarte de ésta. Pero nadie hace nada. Cada vez más muertes. Nadie reacciona. Desde el Estado hay un cruel adormecimiento. Nadie me ayudó. Por ese entonces manifesté que temía que llegaras a delinquir. Y siempre soñé con volverte a meter en mis entrañas, para protegerte y proteger a los demás. Hoy ya tenés 19. Empuñás un arma, amedrentás, robás. Contemplo tus fotos del jardín de infantes, la primaria, los cumples. Eras tan inocente y feliz. ¿Qué te hicieron hijo? Ya ni te conozco. Me pregunto ¿qué viene después? ¿tu muerte? ¿la de otro? Nadie entiende que no necesitás la cárcel, sino curarte. Y que a tus 13 años, esto tan predecible, era evitable. Pero no hay políticas preventivas ni contenedoras para los chicos en esta situación. La droga se instaló. La delincuencia avanza, y miran para otro lado. Tanta barbarie y tanta desidia. Me siento culpable de no haberte cuidado más. A esto le sumamos la cruel ausencia de tu padre, mis horas laborales fuera de casa y un sin fin de inconvenientes, por llamarlos de alguna manera que te dejaron tan expuesto, y un sistema que aniquila sueños y embalsama la esperanza. Y por todo esto mi Franquito, y a pesar de lo que diga un juez: "Te declaro inocente"
































