Nosotros, los peatones sencillos, que heredamos la cultura del trabajo y la decencia, que aprendimos que las actitudes demuestran a las personas, que en la vida primero se paga y después se come y se disfruta, parecemos los hijos de la pavota porque no encontramos nuestro espacio. Queremos votar y elegir los mejores conductores que iluminen el camino empañado, trastocado, ensangrentado. ¿La verdad? No se ve a nadie. Porque hablar bien, casi todos lo hacen. Por eso para mí son las conductas las que valen. Y los veo proyectándose al 2015, ávidos de poder, hablando de lo mal que está todo (como si no lo supiéramos) y prometiendo un cambio que nunca cumplen, sin resolver este 2014 que agobia, lastima y entristece. ¿Qué no es así? Tomen taxis y conversen con sus choferes, verdaderos psicólogos sociales del volante; o arrímense a alguna cola donde haya jubilados. O acérquense a alguien que trabaja de noche y espera un colectivo. O lo que quieran. Todos sabemos lo que pasa, aunque muchos poderosos nos cuenten lo contrario. Paren la mano, muchachos. Necesitamos que usen el ingenio. Que hablen menos y hagan más. Y nos demuestren cada día, con acciones justas, solidarias y verdaderas, que esta vez se podrá confiar en alguien.





































