Me parece muy honrosa y altamente necesaria la misión del periodismo en general, además de ser una profesión con una alta dosis de ingenio, por tener en muchos casos el talento de poder informar hasta lo más inverosímil no solamente por medio de la expresión escrita y la elocuencia de las palabras, sino también a través de la investigación. Considero también que quien desconoce el desarrollo de una noticia desde que se inicia hasta que llega finalmente al público poco puede opinar respecto a la complicada, y a veces, ardua tarea. Sólo quien ha transitado alguna vez una sala de redacción, en donde el tiempo se transforma en urgencia ante la primicia y los acontecimientos se suceden sin demora, puede con derecho estimar las limitaciones en la manera y modo de informar. Pero es menester que podamos también, desde nuestro lugar, establecer cierto criterio respecto a los excesos que se cometen en algunos casos. Pienso que debe existir entonces una lógica que no es más que la prudencia debida pudiendo mantener cierta reserva ante aspectos delicados y de extrema importancia tal como es el tema de Candela. Considero que se debe dejar un amplio espacio liberado para el accionar de la justicia ya que, de no ser así, se empobrece cualquier procedimiento y lo que es peor, se corre el riesgo de crear confusión y desinformar. A veces el periodista acumula datos que adquiere mediante informantes insólitos porque es así su trabajo dada la capacidad profesional misma pero la necesidad del "último momento" lo intima a contar lo que no se debe, lo que puede, de alguna manera, resultar casi prohibido por resultar ser información estrictamente privada. Desde el tristísimo episodio de la desaparición y luego asesinato de la pobrecita Candela, mucho se ha dicho, se sacan odiosas conclusiones y todos se creen con el derecho de juzgar sin tener la mínima delicadeza y prudencia que en estos temas se debiera mantener. La realidad es que si todo crimen es lamentable más lo es el de una inocente, que los asesinos deberán aparecer para ser juzgados con rigor. Que la justicia no puede ignorar los mecanismos ni métodos a aplicar y que los responsables de esclarecer tantos delitos sin resolver, aún nos deben explicaciones. Debo sí ser coherente y reconocer que gracias al periodismo nos informamos de tantas cosas que ignoramos, de las novedades que nos interesan, de esos acontecimientos que por conveniencia pretenden ocultarnos quienes operan en la impunidad y la clandestinidad.
































