Quiero contarles algo que nos sucedió: el día 20 de julio del corriente año, con mucha felicidad, fuimos abuelos de un nieto precioso. Como suele suceder, ese bebé llegó con un problemita de salud y lo debimos internar en la Neo de la Maternidad del Hospital Italiano Garibaldi, de esta ciudad. Allí estuvimos 45 días con el bebé en Neo. Estamos infinitamente agradecidos al cuerpo médico todo, por como nos atendieron, obstetras, cirujanos, pediatras, directores de Neo, enfermeras llenas de amor, que hicieron lo imposible y más para solucionar el serio problema de nuestro nieto, con extrema profesionalidad y experiencia cada uno de ellos en su cátedra y especialidad. Es por esto que debimos estar muchas horas arriba de nuestro coche estacionado en la cómoda cochera de calle Entre Ríos esquina Rueda, de día por supuesto, acompañando a los papas del bebé mientras esperaban todos los horarios para ingresar a Neo para alimentar, dar cariño y escuchar los partes médicos del niñito. Y como somos del interior no estamos acostumbrados a ver asaltos, atracos, robos a plena luz del día, como nos tocó vivir en esa oportunidad. ¡Qué miedo! ¡Qué impotencia! ¡Qué peligro constante! Hay algo que todo rosarino puede ver para acreditar mis palabras y que son los montones de vidrios rotos de los autos estacionados en la vereda norte de calle Rueda entre Entre Ríos y Corrientes. Desde nuestro coche o desde un bar podíamos ver como adolescentes rompían los vidrios e incluso con las alarmas de los vehículos dañados sonando, ni se inmutaron, y robaron con total impunidad a la vista de todos. Vimos cómo se suben al automóvil, tiran los asientos traseros para adelante y se meten en el baúl sacan todo, todo lo que más puedan (estereos, radios, maletines, mochilas, carteras, bolsos, abrigos, kit de primeros auxilios de los autos o neumático auxiliar), los desvalijan y con rapidez acuden al contenedor municipal ubicado en la esquina de Rueda y Corrientes y esconden el botín. Así fue que presenciamos centenares de estos robos; recuerdo uno de los tantos que llegó el dueño del auto y tomando su cabeza con sus dos manos, desesperado comenzó a increpar al “trapito” de la cuadra, éste casi sin culpa trató de explicar que él no tenía nada que ver con esos pibes chorros, que por el contrario siempre les decía que dejen de hacer eso que lo comprometían a él, que supuestamente hace su trabajo honestamente. Fuimos nosotros los que avisamos al señor robado que sus pertenencias estaban dentro del contenedor de la esquina. Por suerte las recuperó, aunque previamente se ligó unos cuantos piedrazos de los malhechores. No puedo creer que suceda esta locura en esta ciudad tan bella, tan concurrida, tan turística. No puedo creer que la señora intendenta desconozca esta situación de violencia a cuadras de su oficina en la Municipalidad. No puedo creer que la señora intendenta no tome medidas para prevenir estos delitos. No puedo creer que las autoridades policiales no sepan esto. No puedo creer que los políticos de turno no pueden interceder en ese lugar para dar seguridad a los transeúntes, vecinos, pacientes de ese prestigioso Hospital Italiano y alrededores. ¡Hagan algo por favor! Nuestras vidas tienen un valor, sin precio fijado, mucho más alto que sus respectivos sueldos. ¡Hagan algo por favor! Debemos seguir concurriendo a ese hospital y el solo hecho de pensarlo nos aterra. ¡Por favor! Los responsables tienen cargos: son intendente, ediles, funcionarios policiales, políticos de turno que saben de esto y hacen caso omiso. Y como sociedad exigimos que nos cuiden, que nos protejan, que nos den seguridad, que nos respeten. Los funcionarios nacionales dicen que la inseguridad es una “sensación”. ¿Acaso los funcionarios de Rosario piensan igual? Parecería que sí; esto es una pena. Hagan algo por todos nosotros, por esta hermosa patria descuidada y robada. ¡Hagan algo, por favor!


































