Una frase en el ámbito público muy en boga en estos tiempos. El día 2 de julio de 1947, sale a la consideración pública una espectacular película nacional cuyo nombre, si es que existe, es "El que recibe las bofetadas", protagonizada por el grande Narciso Ibáñez Menta, en blanco y negro. Un circo cuyos dueños deseaban tener un espectáculo singular, contrataron a un comedido para que haga el papel de receptor de bofetadas, tras cada una de ellas, el hombre solo atinaba a reír a carcajadas, pero detrás de ellas escondía una tremenda pena. Al espectador poco le importaba eso, por otra parte el hombre guardaba celosamente su pesar. Se cayó el sistema, no cobro, no pago, no doy turnos. El empleado sometido como el ciudadano a un cómodo pero contradictorio sistema, se va refunfuñando, acude a otra boca de cobro y "eso no lo cobramos". Comienza el deambular. API y TGI, bancos Municipal o Nación, esporádicamente alguna agencia de loterías de la Provincia de Santa Fe, aceptan cobrar tales contribuciones. Bien, si recurrimos a nuestra regla idiomática, son tres las acepciones utilizadas para este término. Claro que conviene al Estado utilizar aquella que le permita recaudar fondos. Pero caramba si se impone ésta, por lo menos que se busque un medio alternativo que el "obligado contribuyente" no sea la variable de ajuste cuando el discípulo de Billy Gates se empaca como una mula y no responde. ¿Se hará el sordo? ¿Estará en la premisa: a mí qué me importa? A Atanoff, al cual se le atribuye la invención de la computadora, muy elemental por aquellos tiempos, ¿se le habrá ocurrido la caída del sistema? ¿Y a Bill Gates también? La pregunta del millón: ¿no ha aparecido algún cerebro privilegiado que se le ocurra un programa alternativo para suplantar una eventual paralización; tomar el papel, colocarle un sello, recibir el dinero y extender un recibo? ¿Será tan difícil? Que yo sepa, antes de la implantación del cerebro mecánico, todo se hacía a mano. Todo, pero todo. Es muy cómodo responder sobre la base del hecho consumado. Para colmo de males, un largo peregrinar para encontrar bocas de cobro para todo. "Esto no lo cobramos, esto otro tampoco"; entonces debemos elaborar un cronograma de instituciones bancarias que acepten cobrar todo como debería ser. Bueno, es lo que hay, ya estamos acostumbrados a quejarnos, es como el pan nuestro de cada día. Argentina está condenada a tolerancia mil en todos los órdenes. Mucho discurso, miles de horas en palabras al viento, promesas por doquier, el "qué me importa" es la premisa de la mentira encubierta con pseudos ambiciosos programas que de movida saben que no se pueden cumplir. Total la gilada consume todo, dijo un humorista televisivo a su maquillador. "No son los muertos los que en dulce calma, la paz disfrutan de la tumba fría, muertos son los que tienen muerta el alma y sin embargo viven todavía…". de: Antonio Manuel Feijó. A veces pienso que aquellos que dicen representarnos, pensarán que somos invisibles. Si un día despertamos y comprobamos que no tenemos que quejarnos de nada, pensaremos: ¿anoche mientras dormía se habrá producido el diluvio que refiere el Libro del Génesis?



































