A través de su segunda carta a Timoteo, entre otras cosas, San Pablo nos hace la siguiente advertencia: "En los últimos tiempos sobrevendrán momentos difíciles. Porque los hombres serán egoístas, amigos del dinero, jactanciosos, soberbios, difamadores, rebeldes con sus padres, desagradecidos, impíos, incapaces de amar, implacables, calumniadores, desenfrenados, crueles, enemigos del bien, traidores, aventureros, obcecados, más amantes de los placeres que de Dios; y aunque harán ostentación de piedad, carecerán realmente de ella. ¡Apártate de esa gente!". Si bien no sabemos cuándo será el final de los tiempos, lo que sí sabemos es que el mundo en que vivimos está hinchado de actitudes como las que el apóstol describe, por lo que necesita urgentemente ser mejorado. Pero él nos da también los recursos para lograrlo, ya que nos dice: "Toma como norma las saludables lecciones de fe y de amor a Cristo Jesús que has escuchado de mí. Conserva lo que se te ha confiado, con la ayuda del Espíritu Santo que habita en nosotros". ¿Y cuáles son esas saludables lecciones que escuchamos de su boca? Aún cuando estas son muchas, es conveniente para nosotros reconocer aunque sea una y direccionarla para ver cuán importante es la responsabilidad con la que se debe trabajar y cuánto hay para advertir y enseñar a la gente. Una de las lecciones está contenida en la expresión del santo, cuando dice: "Yo estoy encadenado, pero la palabra de Dios no está encadenada". Y la actividad a la cual el educador y la enseñanza están obligatoriamente amarrados, es la educación. Por eso, tengamos en cuenta la preocupación y la actitud del apóstol para encarar su tarea de educar en la fe, e imitarla: "Toda la escritura está inspirada en Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar, porque llegará el tiempo en que los hombres se apartarán de la verdad para escuchar cosas fantasiosas". Reconozcamos los argentinos que el tiempo de actuar ha llegado, y que urge aprender a vivir conforme a lo dispuesto por Dios para nuestro bien.

































