Las toneladas de efedrina que el rosarino Mario Roberto Segovia está acusado de
haber exportado a México partían del puerto de Buenos Aires. ¿Que ocurría entonces en Rosario para
que el domingo se allanaran en simultáneo 14 viviendas con otras tres personas detenidas? La ciudad
era uno de los puntos de fabricación y almacenamiento de esa sustancia, en un laboratorio que aún
no fue detectado. Así lo indicó a La Capital una calificada fuente judicial tras el arresto en el
aeroparque metropolitano del principal exportador de químicos a los carteles mexicanos de drogas.
Quien será indagado hoy por delitos que, sumados, prevén más de 36 años de cárcel.
El rosarino señalado como el máximo proveedor de efedrina a
los narcos mexicanos será indagado hoy por el juez federal de Zárate—Campana, Federico
Faggionato Márquez, quien lleva adelante la causa por la ruta de la efedrina. El juez anticipó ayer
a este diario que abrirá una nueva causa para investigar el lavado de dinero por parte de las
organizaciones de tráfico.
El contador y la esposa. Las otras tres personas detenidas en Rosario también
serán indagadas por contrabando. Son la esposa de Segovia, Gisela Itatí García, su contador Roberto
Martín Guerini, acusado de actuar como testaferro, y un empleado identificado como Daniel Alberto
Bocchi. Además está preso Sebastián Segovia, un primo de Mario que quedó detenido cuando iba a
viajar con él a Iguazú.
Ayer la delegación de policías bonaerenses y agentes de la
Secretaría de Inteligencia del Estado que se instalaron en Rosario tras el arresto de Segovia
concretaron el último allanamiento en un estudio jurídico y contable céntrico donde se secuestró
documentación con registros de aduana visando mercadería que salió al exterior (ver página 29). La
noche anterior había sido allanada la casa de Rivera Indarte 3755 (una cortada de Echesortu entre
Castellanos y Constitución al 1300) donde fue detenido el contador Guerini. Allí se secuestraron 50
mil dólares, más de 12 mil pesos, 3 mil euros, varias computadoras y equipos de teléfonos.
En los otros allanamientos en distintas oficinas de Rosario
y Villa Gobernador Gálvez se incautaron computadoras y celulares. En uno de ellos fue detenido
Bocchi, quien trabaja como herrero. Con ese despliegue policial terminaron los procedimientos en
Rosario, aunque fuentes del caso anticiparon que seguirán en otros puntos del país.
Segovia fue detenido el domingo a la tarde en aeroparque
Jorge Newbery cuando iba a abordar un avión a Misiones. Le secuestraron un auto VW Passat, dos
teléfonos, dos notebooks, 3 mil dólares y 2 mil pesos.
Está acusado de exportar desde 2006 como mínimo 8.100 kilos
de efedrina por un precio en el mercado ilegal mexicano de unos 35 millones de dólares. El ministro
de Justicia Aníbal Fernández lo sindicó como el "mayor proveedor de los carteles mexicanos".
Fuentes judiciales consultadas por este diario justificaron el mote: es, hasta ahora, el imputado
vinculado a la mayor cantidad de exportaciones de efedrina de los últimos dos años.
Tiene 35 años y en el padrón electoral de Santa Fe su
nombre figura con el DNI 23.716.616. Ese número consta en la causa judicial. Y en su casa de
Fisherton se halló documentación donde firma con el nombre de Segovia. Pero los investigadores son
cautelosos: no certifican aún que se trate de su verdadera identidad. "Estas personas operan con
muchos nombres", indicó un vocero del caso.
El principal imputado en la causa por la ruta de la
efedrina "operaba en Rosario" y por eso en la ciudad hubo 14 allanamientos simultáneos tras su
detención. En principio se indicó que la ciudad era un punto de desvío de la droga desde Buenos
Aires a México. Pero ayer fuentes judiciales revelaron que los cargamentos partían del puerto de
Buenos Aires. Lo que ocurría en Rosario, según constancias judiciales, es que "se fabricaban
metanfetaminas en un laboratorio aún no detectado".
La conexión. Segovia quedó sospechado en el millonario caso de contrabando luego
de que el 17 de julio pasado la policía bonaerense allanara un chalé en Ingeniero Maschwitz por
orden de Faggionato Márquez. Allí funcionaba un laboratorio de producción de metanfetaminas donde
fueron detenidos nueve mexicanos y un argentino. Uno de los que suministraba de efedrina a Jesús
Martínez Espinosa, el mexicano líder de la banda, era Mario Ribet, ahora procesado en la causa.
Siguiendo esa línea se detectó que tenía como proveedor a Héctor Germán Benítez. Un nombre falso
bajo el cual operaba Segovia. Luego se descubrió que esa identidad correspondía a un hombre que
cumple condena en el penal de Sierra Chica. "Tienen un parecido físico importante. Segovia andaba
con un documento adulterado", dijo un investigador.
La tarea de inteligencia de los últimos cinco meses arrojó
que Segovia contrabandeaba efedrina en forma directa a México. Algunos envíos fueron desbaratados
por la aduana mexicana y otros fueron parados en Argentina. Pero aún así logró enviar un mínimo de
8 toneladas. Segovia no tendría relación directa con Martínez Espinoza. Lo consideran una "tercera
pata" en el negocio de la efedrina.
Las imputaciones. Segovia quedó acusado de contrabando y almacenamiento de
estupefacientes, delitos previstos en el Código Aduanero. Las mismos figuras delictivas afrontan su
empleado y su contador. Pero al rosarino y a su esposa los acusan además del uso de documentos
falsos y la tenencia de las armas de guerra que almacenaban en su casa de Alvarez Condarco 472 Bis,
en Fisherton. Allí se secuestraron más de diez armas, dos mochilas con municiones, dos vehículos
Hummer, una Land Rover, un fastuoso Rolls Royce último modelo, 270 mil euros, 70 mil dólares, y
3,200 kilos de oro en lingotes. "Los lingotes son como los de las películas. Hasta tienen el peso
tallado en el frente. Estaban guardados en una caja fuerte", describió un jefe policial.
En el chalé frente al Rosario Golf Club también se hallaron
sustancias que se utilizan para la producción de metanfetaminas, como acetona y yodo. La condena
que Segovia puede recibir dependerá de los concursos y la escala penal. Pero son delitos que,
sumados, arrojan una expectativa de pena de 36 años y ocho meses de prisión.
Los investigadores tienen probado que Segovia tenía medios
para sacar la droga a través del puerto de Buenos Aires. Pero su base operativa era Rosario, donde
se encontraron precursores químicos aunque no un laboratorio montado como el de Ingeniero
Maschwitz. No obstante, los investigadores creen que en esta ciudad también se fabricaban
metanfetaminas. "En Rosario Segovia recibía y operaba. No era el lugar desde el cual salían los
cargamentos", dijo una fuente judicial. Los embarques de efedrina, indicó, se hacían en tambores de
azúcar.
El hombre acusado de ser el principal contrabandista de
efedrina se presentaba ante sus vecinos como un exportador de bananas. No consta cuál era su
ocupación legal y por eso esperaban su descargo en la indagatoria de hoy, si es que está dispuesto
a hablar. Pero sospechan que usaba el nombre de otra persona para exportar.