La semana pasada viajé en tren. Fui a la estación Rosario Norte y el lugar me trajo añoranzas, el Sol nos permitía ver aún más las vías relucientes por el roce de las ruedas de hierro, las voces se confundían y las personas amontonadas con desprolijidad aguardaban con inquietud el tren con retraso. El Ferrocentral partió por fin, nuestra categoría de servicio: primera. Pensamos por instantes que la vuelta no iba a ser tan confortable como ese momento y días después nos íbamos a dar cuenta de que estábamos en lo cierto. Llegando a Tucumán es increíble como la vegetación se expande sin límites. Pasamos unos días maravillosos en Tafí del Valle. De regreso me apenó la estación de trenes de Tucumán: deslucida, maltrechos sus baños, sucios, falta de higiene. El Ferrocentral partió a la hora señalada. Nuestra categoría de servicio: turista. Una vez más noté la gran discriminación patente en nuestro país. Esta vez el viaje se volvió interminable. El calor llevó a que los niños corretearan en pañales y descalzos por los pasillos. Los ventiladores están allí, pero parecen invisibles, la poca ventilación nos hizo abrir las ventanas desde donde se filtraba sin control más olores y suciedad que se sumaba a la ya existente. Las personas duermen en el piso mientras el trajinar del tren parece acunarlos, pero en cunas duras y sucias. El llanto de los chicos se escucha lejos y detrás de nosotras. Si miramos con detalle, la diferencia es notable hasta en los dibujos de los baños, más simples, más sencillos, señalando: damas-caballeros, baños sin inodoros, solo un hueco desde donde se ve el suelo correr. Pensemos juntos, porque la impotencia hace que se me nublen algunas ideas, pregunto: ¿Cómo hacen los niños o las personas mayores para ir al baño?, ¿Unos pocos pesos menos en el valor del boleto justifica ser tratados con inferioridad? Nosotras regresábamos de unas increíbles vacaciones, fue una elección tomar el tren y hacer un viaje distinto, pero muchas de las personas allí utilizan este medio de transporte de forma permanente, puedo decirles y créanme que el cuerpo, después de 18 horas en el trayecto San Miguel de Tucumán-Rosario, queda cansado, totalmente agotado. Los asientos en la clase turista no se reclinan, son para dos o tres personas, son 103 asientos en un coche y el clima ahí adentro es irrespirable. Comencemos a valorar los trenes, es un medio mágico. No destruye las rutas, es mucho más económico, disminuiría el tránsito y los accidentes. Te permite conocer personas tan diferentes e iguales a vos. Logremos que gane protagonismo en nuestro país, pero un protagonismo sin falencias. Que sea más que un medio de transporte, que logre brindar un servicio sin las marcadas diferencias que la semana pasada encontré en mi viaje en tren.



































