El martes 3 de diciembre pasado cené un "chicken sandwich" en un prestigioso y gran restaurante ubicado en calle Oroño y Jujuy, y al ingerir un bocado sentí que algo me raspaba la garganta, pero pensé que no ocurriría nada grave y eliminaría naturalmente lo que haya sido que tragué en ese momento, lamentablemente no fue así. Al día siguiente, estaba como atragantada, con tos, náuseas y muy molesta. Fui a la guardia del Sanatorio Parque donde me trataron de 10, y estoy muy agradecida. En la placa que me tomaron veían algo raro debajo de la glotis, quedé en urgencias con suero, medicamentos para la endoscopía que me harían y controles prequirúrgicos. En el quirófano me explicaron que debían hacerme anestesia total, por si había alguna complicación, ya que es muy común que las astillas de huesos perforen el esófago con consecuencias terribles o queden clavados en alguna parte. Aspiré la anestesia y después de pedirle a Dios lo mejor para mí, me encomendé a él y a los médicos. Luego de 9 horas de internación, gracias a Dios, fue sólo una ulceración en el esófago y hoy puedo contar el cuento. Ahora resta recuperar el esófago con medicación para úlceras y protectores gástricos. Al día de hoy, pasados varios días de esta ingesta accidentada, estoy con dolor al tragar y bastante molesta, además de la impotencia que me da haber pasado por toda esta situación traumática gratuitamente. De más está decir que no iré nunca más a ese lugar, acompañé a unas amigas que, justamente, me recomendaron los platos de allí, sin ninguna mala intención claro; pero fue mi primer y último plato en ese lugar, se los aseguro. Estén atentos. Hice el reclamo en el restaurante al retirarme de mi internación con la gasa aún pegada en el lugar donde tenía el suero y los estudios médicos en mano. Me dijeron los encargados que era muy raro, que ellos tenían un control muy exhaustivo en sus comidas y que era muy difícil de comprobar lo que yo estaba relatando. Eso me pasó por no querer en el mismo momento hacer lío allí, para no causar molestias a mis amigas presentes y pensando que no pasaría a mayores. Me dieron una respuesta bien a lo Poncio Pilatos, claro, ¿qué más me iban a decir? ¿Admitir que se mandaron semejante macana? No, claro que no. En fin, cuento esto para que se enteren todos los que puedan y sepan que en cualquier lugar, hasta en los más recomendables, pueden pasar estos grandes descuidos que pueden acarrear consecuencias fatales en nuestro organismo. Muchas gracias por difundir y tengan mucho cuidado con la alimentación en lugares públicos.
































