¿Son los privilegiados los niños y adolescentes? En algunos lugares sí, en otros no. Las familias que tienen pocos hijos, con buen pasar económico y suficiente capacidad de amarlos para educarlos y brindarles lo necesario para "sobrevivir" en estos tiempos difíciles que corren son hogares de privilegio. Pero hay otros grupos de
padres, con familia numerosa, que no cuentan ni con los medios ni con la toma de conciencia de lo que significa traer hijos al mundo. Y estos hijos son los desamparados que ven creciendo en un medio hostil y se transforman, en su mayoría, en jóvenes que viven aterrorizando a nuestra sociedad. Nos imponen por la fuerza los límites de nuestra libertad, esa que vamos perdiendo paulatinamente. ¿Por qué digo esto? Porque nos obligan a
tenerles miedo pues con un
arma en mano o no, empleando una moto estos jóvenes delincuentes hurtan, matan y destruyen familias enteras; son conocidos como los "arrebatadores" de bolsos, celulares, llaves de auto. Los más sofisticados emplean otros recursos: asaltan comercios, cajeros automáticos, casas de familia, bancos o lo que les venga a mano. ¿Qué hacemos entonces? Nos encarcelamos, colocando rejas en todos los lugares de nuestras casas: Los comercios cierran más temprano, no salimos de noche porque no podemos transitar libremente por las calles o disfrutar de algún espectáculo nocturno, y no mencionamos a los drogadictos ni a los alcohólicos que son los males mayores que forman parte de nuestra "cultura social" y se reproducen con una rapidez inusitada. Si tomamos en cuenta la frase de Ernesto Sábato, algo podemos hacer. El expresó que "la historia no es mecánica porque los hombres son libres para transformarla". El "cómo" transformarla depende de una sumatoria de esfuerzos por parte de legisladores, instituciones y centros de rehabilitación, padres, iglesias, personas comprometidas que donen su tiempo, dones y talentos para fomentar ideas prácticas, concretas e inmediatas para dejarles a nuestros hijos y nietos una mejor calidad de vida que la que tenemos ahora. Mi propuesta personal es que necesitamos instituir una ley que regule el control de la natalidad, como la que se aplica en China. Los hogares carenciados no deberían traer al mundo más de dos hijos pues el resto de los que vienen, terminan en hospicios, en la calle o en albergues transitorios. Y cuántos padres quisieran tener hijos y no pueden adoptarlos por la burocracia existente. Cuando veo a niños, jóvenes, adultos y ancianos durmiendo en las plazas muertos de frío, viviendo de manera miserable y comiendo lo que encuentran en los contenedores, pienso: ¿ellos tuvieron la opción de elegir venir al mundo? Entonces recuerdo la expresión de la Madre Teresa de Calcuta: "Ama hasta que te duela, si te duele es buena señal". De la buena predisposición del corazón, surgen los buenos proyectos.
Sara Alicia Treves,
DNI. 5.803.974
































