Reflexiones en la noche por un ruido en el patio de mi casa. Me despierto y pienso que el ruido fue hecho por un ladrón. Mi corazón late como un tambor, mi estómago se comprime de los nervios y apenas respiro para escuchar cualquier ruido. Tendría que haber puesto una alarma, ¿pero si cuando suena no se preocupa nadie, entonces para que sirven? Pienso entonces, si hay un ladrón e intenta entrar en el comedor ¿qué hago? ¿Llamo a la policía? Seguramente me dirán que no tienen móvil o que no tienen combustible. Y si el ladrón me da tiempo a llamar, o corro a la ventana y pido socorro a gritos, alguien me oirá y los que lo escuchen ¿se preocuparán? Pero hoy la gente tiene miedo a meterse. Hubiera comprado un arma, pero mis nietos revuelven todo y tendría que tenerla tan escondida, que ante el peligro me llevaría mucho tiempo esgrimirla, si es que el ladrón me da tiempo. Y frente al peligro de que mis nietos se lastimen prefiero no tenerla. Pensé en mudarnos a un pueblo, pero en todos lados pasa lo mismo. De cara a la alternativa de que el ladrón entre a mi casa, le pido ayuda al único que me puede ayudar y le rezo mucho, para que me proteja, ya que en este país, nadie más lo hace.


































