Durante muchos meses el Sanatorio Británico se transformó en el segundo hogar de mi madre, Lita Figueroa. Fue una paciente mimada por las enfermeras y enfermeros del piso 4º, por los maravillosos y humanos médicos del equipo: doctor Marcelo Tatángelo, doctora María Eugenia Méndez y la doctora Tamara. Siempre había una sonrisa o una humorada para corresponder al chiste de Lita, de 80 años de edad que fue internándose cada vez con menos movilidad física, pero recibida siempre con el mismo cariño. La vida de Lita se apagó, pero no se apaga en nosotros el reconocimiento a la tarea profesional y humana de excelencia que nos brindaron a todos cada uno de los integrantes de esa maravillosa institución.





































