El poeta neuquino Aníbal Forcada escribió: "Yo conozco aquella tierra más allá del Colorado, la que alarga los caminos para el que vive luchando, por mil razones de patria o por cuidar lo heredado; es lejos, es en la tierra ¡más allá del Colorado! Y más allá del río Colorado, entre las cumbres andinas y las costas atlánticas, hay un territorio que por distintos motivos muchos argentinos no conocen. Territorio contradictorio donde en extensos pajonales el viento desafina sus melodías de soledad; donde el Alto Valle del río Negro diseñó un paisaje casi surrealista. Territorio donde más al sur, comienza la fantasía natural de ríos, lagos, ventisqueros, glaciares y la geográfica proeza del Perito Moreno. Más allá del Colorado es una manera de decir Patagonia: la del viejo petróleo y las nuevas bodegas". Ahora bien, Franklin Delano Roosevelt en 1936, Dwight Eisenhower en 1960, Bill Clinton en 1997 y ahora el presidente Barack Obama, se mostraron interesados en visitar Bariloche, al margen de la agenda oficial desarrollada en Buenos Aires o en Mar del Plata, como en 2005 cuando se hizo presente George W. Bush (hijo) por el tema de la fracasada reunión del Area de Libre Comercio de las Américas (Alca). Pero ¿por qué no eligieron la belleza salvaje que el Iguazú crea en la selva misionera, para seguir después su curso tranquilo como si nada hubiese pasado, para rendir humildemente su tributo a los pies del gran río: el Paraná? ¿Por qué no prefirieron la viñatera Cafayate, la solemnidad riojana de Talampaya, los insólitos Palmares de Colón, la antigua quietud de los Valles Calchaquíes o las rutas del vino de Mendoza y San Juan? ¿Por qué no optaron por las bellezas cordobesas y sanluiseñas, la siempre vigente "Perla del Atlántico", Península Valdés, Esquel, El Calafate, la distante Ushuaia o las apacibles estancias pampeanas o de la provincia de Buenos Aires; esas que guardan memoria de Ricardo Güiraldes y José Hernández, entre tantos conocidos estancieros de la campaña bonaerense? Entonces, ¿por qué cuatro de los poderosos mandatarios estadounidenses, incluyendo al general Eisenhower, el estratega de la invasión a Normandía, decidieron conocer la idílica región del Parque Nacional Nahuel Huapi? Tal vez sea porque Bariloche tiene magia; una magia que nace en las formaciones rocosas del Valle Encantado, para bajar hasta las aguas frías y azules del famoso lago Nahuel Huapi a jugar con Nahuelito, el travieso duende lacustre que aún habita en la encendida imaginación de algunos lugareños. Pero además, Bariloche no se agota en sí mismo, sino que es la fantástica proyección hacia Villa La Angostura, San Martín y Junín de los Andes, y el panorama de ensueño de los Siete Lagos; allí donde Dios aprendió a construir paisajes. Por eso creo que los presidentes de Estados Unidos, que llevan en su agenda todos los conflictos del mundo, y acopian importantes dosis del más auténtico estrés, encuentran en la paz de Bariloche el lugar ideal para descansar siquiera brevemente, lejos de sus dominios en Washington.


































