A partir del próximo mes de diciembre, el presidente que asuma, sea quien fuere y del color político que sea, se deberá hacer cargo de la situación alarmante y preocupante en que ha quedado el sector agropecuario. Principalmente, a raíz de las políticas erráticas e incomprensibles instrumentadas por el actual gobierno a partir del 2008. Por ese entonces, el gobierno implementó los "Roe", Registro de Operaciones de Exportación, con el objetivo de intervenir y controlar el comercio exterior de granos, de carnes y de lácteos, con el argumento de la defensa del consumidor argentino y los alimentos que lleva a su mesa. Nada de eso ocurrió. Tenemos buena parte de la cosecha de trigo pasada guardada. El mercado interno está abastecido por el resto del año. La exportación está cerrada. El productor está indeciso en cuanto a seguir sembrando este cereal y la prueba está en que este año, disminuirá la siembra en más de un millón de hectáreas. Algo más preocupante es la situación del maíz, producto de los costos internos, de las trabas a la exportación y acompañado por un dólar de valor artificial. Con respecto a las carnes la situación es similar. No permiten exportar, no se puede cumplir con las cuotas Hilton y se perdieron los principales mercados en el exterior. Con ese proceder, logramos que Uruguay y Paraguay exporten más carnes que Argentina, y que nuestros frigoríficos que manejan los cortes de exportación estén cerrados, con miles de puestos de trabajo perdidos. Algo parecido ocurre con la exportación de leche en polvo. Está cerrada, los tamberos atraviesan una crisis, las usinas pasteurizadoras están con los stocks al límite, sin poder exportar y sin poder mejorar unos centavos el precio de la leche fluida al productor. En estos últimos años también se han perdido ventas al exterior en pollos, arroz, manzana, pera, vinos, entre otros productos. La venta de maquinarias agrícolas está semiparalizada. En los dos últimos años, las ventas han caído a valores más que preocupantes. A partir de diciembre el gobernante que asuma tiene que liberar el mercado exterior del sector agropecuario asegurando el mercado interno de consumo. Se debe permitir vender el total producido. Somos un país agrícola-ganadero. Se estima que estamos en condiciones de producir alimentos para 400 millones de personas. La plata grande y genuina que recibe el país es a través de las exportaciones agropecuarias. El próximo gobierno tendrá que entender que mientras más exporta el campo, más divisas recibirá el fisco en concepto de regalías, retenciones e impuestos. Estas deducciones son producto del sentido común. Creo que no necesito un posgrado en Harvard para realizar este análisis. Si no fuera absurdo, resultaría casi cómico ver que Brasil compra el trigo que consume a Australia y a Texas en EEUU. Nosotros estamos al lado, con un flete muy bajo y la cosecha pasada guardada. Éste es un dato más de la política errática, de la pelea estéril y caprichosa del actual gobierno con el sector. Logrando desarticular las ventas al exterior y en pos de ¿defender? la mesa de los argentinos, hoy tenemos altísimos costos internos con índices inflacionarios que creíamos superados. Una reflexión más ¿imagina el lector una pelea del presidente Hollande en Francia, con la industria de los perfumes? ¿O una pelea del presidente Obama con la industria cinematográfica de Hollywood? Es evidente que algo hicimos y estamos haciendo mal. Al próximo presidente: deje que el productor trabaje tranquilo y en libertad. El hombre de campo invierte sus ganancias en mejorar sus instalaciones, sus maquinarias, en sus pueblos, en su país. Está muy lejos de lavar dinero, crear empresas fantasmas o visitar paraísos fiscales. Argentina tiene un poder de recuperación notable. Le sugiero al próximo presidente que actúe con prudencia, con inteligencia, con espíritu de estadista y verá sus beneficios en muy poco tiempo.





































