Señora Graciela M, he leído su carta "Poco amor por Rosario" del pasado 25 de mayo, sobre la alegría de los leprosos por la desgracia de los canallas y en esencia estaría de acuerdo con usted si la realidad no dictara cosas para tener en cuenta. Los leprosos hemos soportado durante años las cargadas de los canallas, quienes son agresivos, tenaces y consecuentes, a la hora de acordarse de las desgracias ajenas. Vaya a simple ejemplo, la famosa palomita de Poy, quien a esta altura ya no puede más con sus huesos, y al que llevan a la cancha de River, en cada diciembre, para que se zambulla de cabeza, como aquella vez, de hace mil años, en busca de la pelota que ya no puede tocar ni con la mano, a riesgo de su vida. No señora, se ve que usted no estuvo en nuestro pellejo, se acuerdan de por vida de cuando nos ganan, lo demás lo borran en seguida. Mi amigos canallas saben muy bien de qué hablo, pobre de nosotros si en lugar de Central nos hubiese tocado a nosotros descender de categoría, los hinchas de Newell´s nos hubiésemos tenido que tirar desde un tercer piso. Es cierto que todo pasa, aunque por ahora es bastante duro. Hay que reconocer que en el concierto de las cargadas futbolera, las nuestras son bastante lights, como se dice ahora, así que colaboramos con la señora Graciela M. en que no haya tanta agresión.



































