Las instituciones viven y crecen gracias a las personas que trabajan para ellas. Aquellas que asumen la representación de un país necesariamente deben ser actores exponenciales de su cultura. En esta ciudad de Rosario la presencia del Perú recae en gran medida en el Centro Cultural Peruano, cuya cara visible ha sido (y lo es aún) el Grupo de Danzas Sipán desde hace años. Abundan los antecedentes que avalan esto. La extraordinaria variedad de peruano vertida a través de las coreografías de la tierra incaica tuvo la oportunidad de ser apreciada por el pueblo rosarino. El vehículo de esa inmensa riqueza fue este grupo de bailarines que bajo la dirección de Patricia Mamani, años tras año, ha regocijado a la ciudadanía local en innumerables ocasiones. ¿Cómo podría interpretarse entonces que en el corriente año 2010, a la hora de recrear estas disciplinas en el escenario que la Municipalidad emplaza para la gran fiesta llamada "de las Colectividades" que periódicamente convoca a una enorme multitud, ávida de estas expresiones, las danzas y ritmos de nuestro país sean interpretados por un grupo foráneo sin más título ni justificativo que el capricho de los actuales dirigentes del Centro Cultural Peruano. Se barre de un plumazo un meritorio trabajo de años, se desconoce olímpicamente el legítimo derecho de artistas que jamás actuaron con otro propósito que no sea el de personas (la mayoría jóvenes que con profundo ahínco invierten horas y horas de ensayo para perfeccionar sus diseños coreográficos en procura de una excelencia que traduzca la genuinidad y la autenticidad de un rico patrimonio cultural. Ante la instancia de consumarse este inicuo despojo a sus más nobles aspiraciones, los integrantes de Sipan han tomado la decisión de darlo a conocer a la opinión pública en mérito al respeto que iniciar las medidas legales en resarcimiento de los daños e injurias morales y de otra índole para vengarlos de tal acción.


































