Es hora de poner como prioridad en el centro del debate el diseño de estrategias de abordaje al principal problema que tienen el país y las provincias: la pobreza. Y en ese sentido se hace urgente reconocer como principal destino de políticas públicas la atención de los seres más indefensos e inocentes de nuestra sociedad: los niños pobres, indigentes y excluidos. Está al alcance de nuestra mano la posibilidad de dar un cambio cualitativo a la problemática, si es que los adultos nos hacemos cargo de que todos los chicos son los hijos de nuestro pueblo y que lo que hagamos por ellos hoy repercutirá en la calidad de vida que tendrán los jóvenes de mañana, pertenezcan a la extracción social que sea. Primero hay que plantearse la problemática como prioridad excluyente de la agenda pública. Después, si consensuamos que garantizar los derechos de todos los niños y niñas a alimentarse, vestirse y educarse es lo más urgente, no habrá excusas para desarrollar estrategias de intervención pública de corto, mediano y largo alcance. La Asignación Universal por Hijo (AUH) –propuesta largamente, trabajada y reclamada por la Central de Trabajadores Argentinos (CTA)–, es una herramienta inmediata, que para ponerla en funcionamiento sólo requiere de la voluntad de todos los sectores políticos, fundamentalmente de aquellos que tienen representación parlamentaria. Todos los trabajadores en blanco reciben en su sueldo, en el rubro de las asignaciones familiares, una suma de dinero por hijo. La AUH es una propuesta que se plantea justamente para los trabajadores informales y los desocupados































