Nuevamente un gobierno ineficaz nos lleva a la inflación desbocada. Lo peor de todo es que esta vez no fue por sequía de recursos. Ningún otro gobierno de la historia tuvo el nivel de ingresos internos y externos que este ciclo inaugurado en mayo del 2003. ¿Adónde está ese fenomenal volumen de plata que ingresó en pesos y dólares? Se la fumaron y se la robaron. Obras, cero. Acomodos de todo tipo en empleos públicos, subsidios políticos por doquier, regalo de tarifas a todos, dispendios de todo tipo en actos, comitivas, fiestas; explican lo que se fumó. Lázaro Báez, Electroingeniería, Jaime, trenes, sobreprecio de obras, las valijas de Fariña, explican lo que se robó. Así y todo, era tanta la plata que entraba que costó llegar a semejante dispendio. Hicieron falta 10 años para fundir el país esta vez. Ahora entra menos de afuera, porque se equivocaron con el cepo, y con la de adentro, pesos, no alcanza, aunque es la presión impositiva más alta de la historia. Entonces, eso que se emite para seguir la fiesta se transforma en inflación. Y cada vez más alta. La última inflación muy alta fue en la híper de Menen de 1991, y la primera con el Rodrigazo de 1975. Casualidad o no, dos gobiernos peronistas, nacionales y populares fueron los que licuaron los ingresos de la población. Sucede que en el lapso del 91 a hoy tuvimos un período de estabilidad con la convertibilidad, y luego un poquito de inflación (buena según Moyano), para llegar a los niveles de hoy, del 40% creciente. Esto implica que la alta inflación, la vivieron y recuerdan solamente los que tienen hoy más de 35/40 años. Al resto le cuesta acostumbrarse a que las cosas aumenten su valor en pesos, sin que lleguen a entender que esas cosas siguen teniendo un valor real igual al de siempre, y lo que adquiere menos cantidad cada vez son los pesos, que valen menos cada día. Como esta gente pensaba llegar con la fiesta a entregarle el muerto al que los siga, está costando mucho mantener el relato como para que la gente culpe de lo que pasa a cualquier otro y no a ellos. Un ejemplo, las tarifas de servicios. Hoy en Capital se horrorizan de las cuentas que les llegan. De estar pagando 100 pesos de gas por bimestre, pasar a 800 o 900, les resulta una locura. Y no lo es. Estas tarifas son las que regían en el año 1995, y que jamás se tocaron. No sé si les suena el uno a uno. O sea, el que estaba pagando 100 pesos en 1995, pagaba 100 dólares. Se le regaló durante 20 años el gas, hoy va a pagar 100 dólares oficiales ó 70 blue, y encima se quejan. Tendrían que agradecer lo que se les regaló durante tanto tiempo, callarse y pagar lo que continúa siendo barato. En cualquier país del mundo, esa cuenta sería de, al menos, el doble. Un análisis racional. Esta persona tendrá que pagar 450 pesos de gas por mes. ¿Cuánto paga de cable? Cuatrocientos pesos. ¿Será una familia tipo de cuatro personas? Una cena, entre 600 y 800 pesos. Y se podría seguir comparando, para llegar a entender que recibe un mes de gas en su casa, para cocinar, lavar, bañarse, calefaccionarse, ¿y le parece caro? No le parece caro en comparación el cable, la cena u otro gasto superfluo. Lo mismo va a pasar con la luz, que a la brevedad van a aumentar igual. Y así pasó y pasará con todo lo que toca este gobierno. Tarifas, carne, leche, trigo, pan. ¿Qué pasaría si de la cuenta de servicios sacaran el IVA del 27%, los impuestos provinciales, municipales, aportes varios por leyes, decretos? Haciendo el ejercicio, llegaría a la mitad el importe. Luego tabular por consumo, cada nivel de consumo, ir aumentando el precio, para que el que más consuma, más pague, y se subsidie al que realmente lo necesita y no a todos. Pero jamás se bajará un impuesto en este país. Jamás bajar el gasto como hace cualquier mortal de a pie con su economía familiar, comercial o empresaria, de acuerdo a sus ingresos. Va a ser muy difícil la tarea que va a tener un gobierno, si tenemos la suerte de que sea normal, de enderezar todo lo que deja torcido el que se va. Si llega otro parecido a éste, seguiremos con la decadencia del país, que comenzó con el golpe que derrocó a Yrigoyen en 1930, que salvo algún amesetamiento, nunca se detuvo, y por el contrario, se hace cada vez más pronunciada a todo nivel.





































