Recuerdo que tiempo atrás se usaba mandar a los conocidos tarjetas de fin de año que se colgaban en el arbolito. Contenían en general imágenes del gordo Noel con frases tales como "Deseamos un feliz fin de año y un próspero año nuevo, con paz y felicidad". No estaban mal, pero sonaban como una formalidad sin mucho contenido porque después del brindis, volvíamos a la realidad y a la queja consecuente. Con esta carta para mí mismo y para mi arbolito (un poco mustio por los desencantos) quisiera llegar también a muchos argentinos de mi generación que pueden estar declinando sus fuerzas cotidianas por la frustración y la tristeza. Deseo hacerlo con algunos conceptos del texto "Just do it" que, al no tener intención marketinera, vale como referencia: "Sé vos mismo, no tenés nada que perder y todo, todo por ganar. La piel se arruga, el pelo se vuelve blanco, los días se convierten en años pero lo importante no cambia; tu fuerza y tu convicción no tienen edad. Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña. Detrás de cada línea de llegada hay una de partida, detrás de cada logro hay otro desafío. Mientras estés vivo sentite vivo; si extrañás lo que hacías, volvé a hacerlo. No vivas de fotos amarillas, seguí aunque todos esperen que abandones. No dejes que se oxide el hierro que hay en vos. Hacé que en vez de lástima te tengan respeto. Cuando por los años no puedas correr, trotá: cuando no puedas trotar, caminá; cuando no puedas caminar usá un bastón… pero nunca, nunca te detengas". Creo que algunas circunstancias económicas o sociopolíticas nos arrinconan y entristecen por lo cual estimo que dicho texto es apropiado por su optimismo, algo que en la Argentina de estos tiempos hace mucha falta, sobre todo para el próximo 2015. Para aplicar convencidos este optimismo deberíamos recordar a los que continúan corriendo cuando les tiemblan las piernas; los que, aunque todo parezca perdido, siguen -como quijotes- luchando contra las telarañas con plumeros de convicciones. No se resignan ante lo evitable. Son los que después de esto se nutren de coraje y logran la dignidad sin dejar caer sus brazos, convencidos que en democracia y mientras se respire, la vida misma es un desafío. Finalmente, en la Noche Buena —por los más chicos— tengamos tolerancia al gordo… siempre y cuando reparta bien.































