Totalmente asombrado quedé con una carta publicada el domingo 24 de octubre, en esta sección. No podía creer cómo es tan sencillo para una persona descargar su equivocada bronca contra una colega, profesional del "arte de curar", odontóloga, a la que día a día veo poner hasta el último esfuerzo en tratar de hacer el bien, de comprometerse no sólo como profesional sino también como la excelente persona que es, como ser humano, con cada uno de sus pacientes, poniendo su alma y corazón. ¿Realmente creerá esa mamá que cualquier profesional es tan inhumano en tratar de sacarse de encima a esos chicos "especiales", con esa capacidad que tienen de amar, que los hace tan distintos a nosotros? ¿O no será que prevaleció la lógica de la colega que acertadamente prefirió derivar a un especialista a su hija para que su atención sea mejor? ¿Derivar es discriminar? No, lo incorrecto es actuar sin sentirse desinteresada (por ejemplo, sala Cahopen de la Flor) en especializarse en la atención de estos chicos, no distintos a mi hija, a la que amo, pero no sé si tendrá algún día la pureza espiritual de los otros. Mamá, si lo tomaste como un acto discriminatorio (y llegaste a nombrar a la colega en una cadena de mails), sólo te puedo decir que lamento que no comprendas que la derivación en odontología es un acto de responsabilidad y respeto por el paciente. Pero te aseguro que, conociendo la nobleza de mi colega, no fue la intención de la odontóloga, de ninguna manera y te digo que, ante chicos como tu hija es sólo ante quienes nos sentimos un ser inferior. Y por último, también me llamó la atención que la firmante de la carta no es la persona que la escribe, ya que esa carta coincide con una cadena de mails que nombra a la colega y que está firmada con otras iniciales y otro número de documento, o sea que quien firma esa carta no conoce a la odontóloga personalmente.
































